El Salvador ya no es su finca
Ahora, El Salvador ya no es la finca de los partidos políticos, tampoco es la finca de los millonarios, mucho menos la finca de los financistas de los partidos políticos.

Por: Rafael Granados
El Salvador ha comenzado a cambiar, bueno, lo ha venido haciendo desde el 1 de junio del 2019 cuando el presidente de la República, Nayib Bukele, asumió como nuevo mandatario de este país. Con el grito de «Sí Juro» en la plaza Barrios de San Salvador, El Salvador comenzó a caminar en otro rumbo, en un sentido más humano y cercano con la gente.
Desde ese momento, al día de hoy, las políticas públicas han cambiado, la misma forma de hacer política ha cambiado y los políticos también cambiaron, porque los salvadoreños decidieron el 28 de febrero de 2021 cerrar el ciclo político que venían alternándose ARENA y FMLN desde el año 1989.
Ahora, El Salvador ya no es la finca de los partidos políticos, tampoco es la finca de los millonarios, mucho menos la finca de los financistas de los partidos políticos, aquellos que ostentaban en el pasado el poder detrás del trono del presidente o gobierno de turno.
Con la llegada de este Gobierno al Ejecutivo y los miembros de la Bancada Cyan en la Asamblea Legislativa, se está persiguiendo la corrupción, se está intentando corregir la plana y poner de una vez por todas las instituciones al servicio de las familias salvadoreñas, así como tuvo que ser desde un inicio.
Los empresarios irresponsables y corruptos, ahora ya no tienen diputados, alcaldías y un gobierno que les tolere y sea cómplice de sus desfalcos al Estado; ya no tienen en la Fiscalía General de la República un fiscal que trabaje para ellos a cambio de un manojo de dólares como lo hacían en el pasado.
Los transportistas, aquellos que vivían día a día amenazando al Gobierno de turno con paros de buses y microbuses si no les cumplían sus caprichos de aumentarles el monto del subsidio o no permitirles incrementar el costo del pasaje al usuario, ahora, están frente a un Gobierno que pone en primer lugar el beneficio de los salvadoreños, especialmente de aquellos con menos recursos.
Por primera vez en muchas décadas, un presidente tomó la valiente decisión de quitar el impuesto de guerra a la gasolina, con el propósito de cuidar el bolsillo y la economía de las familias salvadoreñas, que día a día salen de sus casas hacia sus trabajos para llevar el sustento a sus hogares.
El Salvador ya no es la finca de los corruptos, de los empresarios acostumbrados a sobornar al presidente de turno y de los diputados que recibían maletines llenos de dinero para legislar a favor de los corruptos. El Salvador, por fin está cambiando.





