Redes Sociales: cuando migrar es la última opción

Alejandra Sofía Alvarenga Velásquez
Estudiante de Sociología -UES-
Según Mario Pérez: “El concepto de capital social fue introducido por el economista, Glenn Loury, a finales de los años setenta, para designar un conjunto de recursos intangibles en las familias y en las comunidades que ayudan a promover el desarrollo social”. Cuando hablamos de recursos intangibles, nos referimos a aquellas cosas que no podemos ver ni tocar, pero que son fundamentales o esenciales para que una comunidad pueda crecer y mantenerse unida. En el capital social, algunos ejemplos de estos recursos son la confianza entre las personas, las redes de apoyo que se van formando, las normas compartidas y los valores que tienen todos en común. Estos recursos son de gran importancia, pues permiten que las personas cooperen, se ayuden y participen en actividades que beneficien a todos, lo cual contribuye al bienestar de la comunidad y su desarrollo.
Al mismo tiempo nos dice que: “El volumen del capital social que una persona posee depende del tamaño de la red a la que pertenece, del que puede movilizar, y del volumen de otras formas de capital económico o cultural que cada uno de sus contactos tenga”, entendiéndose por “red” social al “conjunto de actores fuertes y capaces, unidos de manera específica por vínculos y relaciones sociales , que pueden influir en los demás para orientar sus acciones en torno a la migración, mediante la socialización de información y avisos; y por el desarrollo de lazos de amistad y paisanaje sostenidos por la confianza y la ayuda económica y moral que posibilita la materialización eficaz de la migración laboral”.
A pesar de encontrar múltiples definiciones sobre lo que es el capital social, todas coinciden en algo: el capital social funciona a través de relaciones o conexiones interpersonales basadas en redes sociales, las cuales permiten a las personas incorporarse al fenómeno de la migración por medio del acceso a diferentes recursos, como pueden ser: económicos, culturales, sociales, entre otros. En ello juega un papel esencial lo simbólico.
Es de hacer hincapié en que la calidad y frecuencia de las interacciones que mantienen los migrantes con sus familiares, amigos, comunidades de origen, contactos, etc. son muy importantes para consolidar el capital social.
“La recurrencia y calidad de las interacciones que se establecen entre los migrantes y los miembros de su familia y su comunidad, son determinantes para la circulación de las ideas, experiencias, objetos culturales y materiales, que tendrán un papel importante en el incremento del capital social, sirviendo como poderosa máquina de migración para los años posteriores”. En el caso de El Salvador, eso ha sido evidente con el papel que ha jugado la diáspora en los hechos políticos y económicos más recientes. Por ejemplo, cuando un migrante salvadoreño en Estados Unidos comparte sus experiencias culturales y laborales con su familia y amigos en El Salvador pueden trasmitir ideas y conocimientos que impacten en la vida y decisiones de los implicados. Casi siempre, estas experiencias y contacto frecuente, genera un cierto nivel de interés o deseo de migrar, creando un mecanismo de migración que puede motivar a seguir el mismo camino en los próximos años.
Es importante agregar que el uso y acumulación de capital, no es igual para todos los migrantes, sus familias y círculos sociales, pues se encuentran otros factores que influyen en este proceso, uno de ellos es el origen social: alguien que pertenece a una familia con más recursos o conexiones sociales puede acceder a más ayuda y apoyo en el país al que migra de una manera más rápida y sencilla. Otro factor que influye fuertemente es el sexo, ya que cambian las experiencias y los tipos de apoyo que reciben por parte del país receptor.
De igual forma, otro factor clave en este proceso es la historia migratoria que ha ido escribiendo la comunidad. En este caso, si la comunidad a la que pertenece un migrante ha tenido generaciones de migrantes hacia Estados Unidos (país donde se ha dirigido especialmente la población migrante salvadoreña), probablemente ya cuentan con una serie de redes de apoyo sólidas que hayan labrado el camino para los nuevos migrantes. En esta línea, una persona perteneciente a una comunidad con poca experiencia migratoria, y con pocos lazos de apoyo (o inexistentes), la experiencia que tenga al momento de migrar y adaptarse, en el nuevo país, estará mucho más llena de obstáculos y será más complicada que al compararlo con una persona que cuente con una familia de una comunidad con muchos residentes en Washington D. C. (según los datos más recientes del censo realizado en 2020 en Estados Unidos, Washington D.C. ha emergido como el epicentro de la diáspora salvadoreña), y seguramente ya existan redes de apoyo sólidas que respalden y faciliten el camino para los futuros migrantes.
Como en el caso de mi abuela materna, Elina, quien tuvo que migrar a sus cuarenta años, desde el departamento de Ahuachapán, hasta el Estado de Virginia, Estados Unidos, debido a violencia doméstica por parte de su expareja, “migrar fue su última opción”, la opción desesperada. Ella contaba con un tejido de familiares y contactos que facilitaron su camino, comenzando por sus hermanos, Antonio y Abraham (quienes no estaban informados de que su hermana menor migraría, como ellos lo habían hecho muchos años atrás) los cuales residían en el Estado de Virginia.
Su primo, “Calín”, que trabajaba de trailero, fue quién la motivo más para que tomara la decisión de irse, movilizándola él mismo desde Ahuachapán hasta México, en dónde la dejó al cuidado de una vieja amiga de él, la cual se hizo responsable del cuidado y bienestar de la prima de su amigo, siendo una pieza clave para el trayecto restante, pues ella contaba con una red de amigos de confianza que cuidaban de, Elina, y la movilizaron hasta su lugar de destino en un mes y tres días exactos.
Pero todo esto no hubiese sido posible sin la ayuda económica y emocional de sus dos hermanos, quienes fueron sorprendidos por la noticia del viaje cuando ella ya se encontraba en México, fue entonces cuando empezaron a mandar dinero a los “coyotes” para que todo fuese más rápido y confiable.
Confirmando lo que se mencionó anteriormente, al contar con familiares, amigos y contactos de confianza, la migración se vuelve un poco más “sencilla” y hasta fascinante, reduciendo los costos y peligros y, sobre todo, contribuyendo a la creación de nuevas redes de capital social, ayudando también a crear independencia absoluta de las causas originales que motivaron al migrante a viajar.
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