OPINIÓN ESTUDIANTILPORTADA

Masculinidades responsables como clave para una acción social transformadora.

Katherine Abigail Peña Argueta

Tercer año de la Licenciatura en Sociología, UES

El miedo a la transformación, genera una sensación que a veces conlleva a un estancamiento. Dar un paso doloroso y salir de la zona de confort resuena a acciones inimaginables que se detienen en el espacio-tiempo. Ante esto surge la pregunta: ¿Qué papel se le da a la acción?.

La conducta humana está orientada a sí misma, o hacia otros, y dependiendo del significado que cada persona le asigne a su acción, éste va modificando la realidad social. Weber, afirma que la acción social es fundamental para hacer un análisis sociológico, pues brinda un panorama del comportamiento de individuos o de grupos, y el sentido subjetivo puede estar influenciado por factores de educación, cultura, experiencia vivida, la herencia del pasado y el contexto social actual.

En el estudio realizado sobre el nodo sociológico de la acción social encontré que se hace una comparación entre tres sentidos. El primero es el normativo, el cual está regido por normas y valores establecidos, en donde las expectativas sociales definen lo que es moral e incorrecto. El segundo es el sentido emocional, éste va moldeando la manera en la que se interpretan las acciones y la interacción entre las relaciones sociales, además, examina el sentido estructural en el que los grupos, instituciones y organizaciones perpetúan sus ideologías, estableciendo formas de ser y de comportamiento. Bordieu, diría que las disposiciones sociales y los recursos forjan la acción.

Por ejemplo, a lo largo de la historia, los grupos feministas han buscado que se critique y cuestione la forma en que el patriarcado se ha entrelazado entre la desigualdad de género, la violencia, la cultura y la acción colectiva. El patriarcado prescribe los roles que cada género debe reproducir, limitando las opciones y oportunidades para los géneros. En el caso de las mujeres, violenta los derechos, las discrimina, les corta las alas de su autonomía y, en el caso de los hombres, crea un constructo del ser, entre el masculino hegemónico y el masculino alternativo. Al hegemónico le asigna la acción dominante, la cual predomina en las esferas de la vida. No obstante, es perjudicial para mujeres y hombres que no se ajustan al modelo normado – parafraseando a R.W. Connell. El alternativo es la contraposición de quien violenta, abogando por las relaciones respetuosas y equitativas.

En una entrevista realizada a dos masculinos, confirmé que las masculinidades establecidas violentan a los hombres, debido a que se exige suprimir la opinión o perspectiva acerca de la subjetividad, sobre todo a ejemplares alternativos. Estas personas están familiarizadas, por medio de experiencias, con el ideal que establece que: el hombre debe dedicarse a producir y anular el contacto con lo intrínseco, ya que eso es señalado como una debilidad. A través de diversos estudios psicológicos, está demostrado que reprimir las emociones y la forma de expresión, genera una inadecuada gestión, y es ahí en dónde puede aparecer la violencia y agresión, también puede perpetuar la desconexión con la realidad de otros. 

¿Por qué es relevante, para las mujeres, que las masculinidades respetuosas sean visibilizadas? Aunque la resistencia de los movimientos feministas y mujeres civiles ha sido noble y valiente, es real cuando el hombre también cuestiona su forma de ser, y se concientiza de la acción individual, lo cual contribuye a realidades sostenibles de igualdad y de equilibrio para una cohesión social de otro tipo.

En un período de cinco años, he intercambiado conversaciones con mujeres amas de casa, madres -casadas o solteras-, mujeres que estudian y trabajan, mujeres organizadas, mujeres que son hijas, hermanas, tías, sobrinas, las que, por el simple hecho de ser “mujer”, deben soportar el desgaste sufrido por la carga de la tarea de los cuidados en el hogar, los que, además, son desvalorizados, sin remuneración y, de serlo, es un bajo reconocimiento salarial, lo cual implica una responsabilidad física, emocional, social y económica. Por medio de Giddens, se puede comprender que estas necesidades se vuelven la raíz del desarrollo de la sociedad, son indispensables y alguien debe asumirlas. Que el sujeto replantee el papel que ejerce como actor social, configura las estructuras opresivas que afectan mayormente a las mujeres.

Desaprender conductas machistas, es romper con los estereotipos tradicionales y cerrar el espacio a la violencia que, estructuralmente, rechaza las actitudes que fomentan la desigualdad, promoviendo la escucha activa, la resolución de los conflictos de forma pacífica e impulsando el autocuidado y la corresponsabilidad en las tareas domésticas, familiares y emocionales. Algunos ejemplos que se pueden citar en la vida cotidiana son: la participación activa en la crianza de los hijos, revisar los privilegios como hombre, pedir ayuda y expresar vulnerabilidad sin temor a ser juzgado o señalado, cuestionar comportamientos dominantes, y valorar y reconocer la diversidad orientada al género, cultura y formas de ser.

Se afirma, desde las nociones de, Bell Hooks, que el verdadero cambio comienza en el interior de cada persona, por lo que admitir las limitaciones y los prejuicios marcados, encaminan a un proceso de reconstrucción que, claramente, puede ser doloroso al obligar a reflexionar sobre los deseos individuales para empatizar y solidarizarse con la realidad de los otros.

Antes pensaba que ser optimista todo el tiempo, provocaría un avance genuino en los ámbitos de la vida, sin embargo, a medida he ido avanzado he encontrado que el estado de rendimiento es necesario, que de vez en cuando caer en el fondo del pozo puede llevar a reevaluar las acciones y el legado que voy filtrando en los espacios en dónde me relaciono. Por medio de, B. Chul Han, se estudia que el estado de rendimiento neutralizado es preciso, ya que un exceso de positivismo e hiperactividad lleva a la violencia neuronal, prevaleciendo el narcisismo y la dominación. 

La desvinculación de estos factores, es un proceso que no cambia de la noche a la mañana, sino que requiere un estudio riguroso, igualdad de acceso a recursos, se necesita acompañamiento desde el respeto, la paciencia y el amor con quienes se ha creado vínculos y personas profesionales que puedan orientar. Cada paso dado, por pequeño que sea, incide en la realidad social, puedo afirmar desde mi experiencia que desconfigurarse de dicho proceso es doloroso y que se escala una cumbre todos los días. Retomó la importancia de la brecha de participación ciudadana cuyo propósito puede ser dirigido a  revolucionar los patrones patriarcales que solo favorecen a unos pocos y que se han extendido en el tiempo.

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