OPINIÓN

La construcción de valores éticos en la Universidad Luterana Salvadoreña

Hilda Melany Erazo

Coordinadora Licenciatura en Trabajo Social, Universidad Luterana Salvadoreña, ULS

Somos feligreses de la comodidad y los cambios nos asustan. Somos la razón de ser de los relatos sobre la solidaridad social y de las acciones que prometen una nueva sociedad llena de nuevos retos que a veces nos inmovilizan, siendo el principal el saber qué hacer con las condiciones heredadas por la vida. Sin embargo, en la Universidad Luterana somos diferentes porque cada día luchamos por transformar al país cambiando las quejas por la disposición a ser parte del nuevo paisaje social que demanda de nuestro protagonismo histórico y académico.

Después de vivir el encierro y el caos provocado por la pandemia, es hora de que el Trabajo Social construya otro consenso ético en la sociedad, y ello sólo es posible si se escucha a las personas y se generan proyectos sociales que combatan la vulnerabilidad más allá de los discursos. La nueva sociedad a la cual aspiramos en la ULS demanda una nueva versión de maestros y estudiantes, y ese es nuestro compromiso: acompañar a nuestros estudiantes a lo largo de sus vidas, despertando en ellos el placer por el saber para ser mejores profesionales y servirle mejor al pueblo.

Para la ULS, una excelente maestra o maestro, es esa persona que alimenta nuestro interés por saber y consolida la curiosidad por investigar y resolver problemas relevantes para las personas más vulnerables, debido a que sólo la educación pertinente y comprometida tiene beneficios que perduran. Para el Trabajo Social, las transformaciones más importantes tienen como una de sus columnas más fuertes a maestros excelentes, esos que saben combinar la enseñanza de la ética profesional con la ética de trabajar por los otros sin esperar nada a cambio, esa es la esencia de la nueva sociedad que deambula en el imaginario de las trabajadoras sociales que se forman en la ULS y que sabrán encontrar el milagro de la luz de las sonrisas en las comunidades más pobres. Albert Camus, después de recibir el Premio Nobel (1957), escribió a su maestro: “Sin usted, sin la mano afectuosa que extendió al niño pobre que yo era, sin sus enseñanzas y su ejemplo, no me habría sucedido nada de todo esto”.

Para el Trabajo Social en la ULS, educar en estos tiempos de transformaciones y crisis de identidad es reafirmar, en las aulas y las comunidades, que lo esencial de la educación sigue vigente: despertar la incertidumbre para construir certezas; evadir la apatía, para construir la solidaridad social con los pobres; comprender que la reflexión académica sin acción ética es inocua; edificar una relación de confianza con nuestros estudiantes, para que ellos confíen en sí mismos y en la capacidad de las comunidades en las que trabajarán. La nueva sociedad que queremos construir debe partir de nuevas actitudes y nuevas solidaridades éticas, lo cual es tan relevante como cualquier gran revolución social, tecnológica y científica.

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