OPINIÓN ESTUDIANTILPORTADA

La fuerza invisible que transforma comunidades

Luz María Santos Ramos

Estudiante de Trabajo Social de la Universidad Luterana Salvadoreña

En El Salvador, una nación marcada por profundas desigualdades sociales y complejos retos socioeconómicos, el Trabajo Social constituye un pilar que a menudo pasa desapercibido, aunque resulta esencial. A pesar de su importancia capital para transformar comunidades, fortalecer a las familias y acompañar a las personas en sus procesos de cambio, esta profesión sigue enfrentando una alarmante falta de visibilidad y reconocimiento, el cual persiste en la actualidad debido a las condiciones heredadas por el neoliberalismo. Sus funciones trascienden la intervención directa con grupos vulnerables, y contribuyen de manera determinante al desarrollo integral de toda la sociedad salvadoreña.

Detrás de las cifras de programas sociales y proyectos comunitarios, muchos desconocen que hay trabajadores sociales, de carne y hueso, lidiando con barreras estructurales, limitaciones presupuestales y, en muchas ocasiones, riesgos personales. Sus aportes rara vez reciben el crédito debido, lo que contribuye a la percepción equivocada que afirma que se trata de una labor que no amerita especialización ni compromiso técnico. Por tal razón, la sociedad salvadoreña necesita un cambio de perspectiva. Visibilizar el Trabajo Social, implica reconocer que cada intervención, cada joven que diseña su futuro, dentro y  en conjunto con comunidades vulnerables, tienen un impacto directo en el tejido social y, por tanto, en las relaciones sociales. En ese sentido, es de apostarle a la prevención, en lugar de acostumbrarse a la reacción; es de apostarle al fortalecimiento de las capacidades locales -poder territorial-, en lugar de soluciones pasajeras.

Tal como planteó, Mary E. Richmond, los trabajadores sociales «no somos mediadores entre necesidades y recursos; somos arquitectos de un proceso que ayuda a las personas a encontrar su lugar en la sociedad.»

Y es que el Trabajo Social es la profesión que se desenvuelve en la oscuridad que irrumpe en un sistema que ignora su existencia. Acá se da una paradoja: un país con desigualdad social escandalosa, con las secuelas de la violencia estructural y con comunidades en crisis, debería tener al Trabajo Social como pilar de sus políticas públicas. En la realidad, implícitamente, la misión y función del Trabajo Social ha sido relegada a un segundo plano y, siendo así, los trabajadores sociales son sólo piezas de un sistema que ni siquiera les proporciona condiciones dignas de trabajo, además de que en la actualidad no hay visibilidad del mismo, no hay recursos, no hay, por lo tanto, posibilidad de transformar la realidad de miles de salvadoreños que dependen de esta labor.    

El futuro del Trabajo Social en El Salvador se halla anclado en actuaciones concretas: políticas públicas que reconozcan su quehacer, mayor incorporación en la toma de decisiones, y un trabajo de todos para modificar su imagen.

No se trata sólo del llamamiento para los y las trabajadoras sociales, sino que es un llamamiento a toda la sociedad, porque sin Trabajo Social, no hay justicia social. Es urgente que la sociedad comprenda que el Trabajo Social no responde sólo a problemas, sino que es también un instrumento esencial que contribuye a construir comunidades más fuertes, más cohesionadas y más justas, sobre la base de potenciar su poder social. Cada paso hacia la visibilidad y el reconocimiento de esta profesión, es un paso hacia el mejoramiento de la calidad de vida de miles de salvadoreños que, día tras día, padecen de problemas invisibles.

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Redacción LPT

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