Reinventando la patria

René Martínez Pineda
Sociólogo y Escritor -UES-ULS-
Patria-estatua, te reinvento desde el sentimiento sanguíneo empotrado en la plaza pública que los corruptos dejaron hedionda a orines neoliberales y a caca de camaleones demagógicos; desde el sueño de mármol sifilítico que sucumbe al escrutinio del huracán del cambio. Te reinvento, aunque te hayan dejado toda maltratada, desde la noble justeza de las encarnizadas luchas populares que acabaron regadas en el mediodía de tus calles, y que sólo sirvieron para cambiar el nombre de los ladrones burocráticos que hoy se unen para que el pasado vuelva a pasar; desde la tortilla con sal y frijoles en bala que, a fuerza de balas y extorsiones, eran expropiados por las voraces hipotecas de la corrupción y la delincuencia que desmembraba la familia que amamos; desde el vientre oscuro de las montañas que se quedaron vestidas y alborotadas en las gradas de una revolución sin cambios revolucionarios… te reinvento porque, a pesar de todo el daño que te hicieron, me esperas como se espera el regreso del hijo malo.
Patria-himno, patria-metáfora desde cualquier canto sin venidera esperanza; desde cualquier tonada que minimiza el dolor del niño que mendiga bajo nuestras narices, en lugar de sacarnos a latigazos porque no somos sus héroes; desde las rimas estúpidas de los poetas nuevos que colorean la vieja agonía para ganarse el derecho a publicar libros de dos páginas; desde el grito carcomido de la huelga de brazos caídos que nos dejó caídos; desde siempre… hasta la última estrofa de ese siempre incierto que reveló lo inmensa que fue la convicción fundada por las hormigas; que reveló lo indecible de las cenizas de la ternura de quienes sólo tenían sentimientos, sudores, temores… y una bandera remendada.
Patria-oasis, desde cualquier símbolo expropiador de ideas, tradiciones, trastes viejos y lunas; desde cualquier color que siempre era negro en el comedor de los migrantes; desde cualquier santo y cualquier rezo moribundo que nos consolaba y acusaba; desde la alegría fugaz de los barrios pobres en los primeros días de agosto; desde la huelga de hambre de los piojos y ladillas que denunciaban, con su raquitismo crónico y anemia centenaria a la que eran condenados nuestros niños… desde siempre, teníamos dos siglos de ver tu gesto frío y condenatorias cadenas deambulando por el pasillo de un progreso que no nos hacía progresar.
Patria-historia, patria-leyenda, desde cualquier mentira que fue repetida cien mil veces en las aulas sin letrinas y en los púlpitos electorales del bipartidismo; desde la fábula social inventada, con lujo de demagogias, para justificar el obsceno derramamiento de la sangre de los pobres; desde cualquier memoria sin recuerdos natales; desde el hielo eterno de los cuerpos perdidos que -haciendo malabares indecibles con naranjas podridas y latas de Coca Cola- se retuercen en el sueño maldito que tenía miedo de despertar y sacarle la lengua a tu acta de independencia; desde cualquier basurero privatizado que mataba de hambre a los perros callejeros porque se disputaban la comida con nosotros; desde la mirada de las madres a quienes les arrancaron el corazón los crímenes sin castigo.
Patria-nación: dame el dolor obligatorio de tu cuerpo que fabrica ilusiones dentro de nuestras fronteras, y yo te daré el mar soberano de mis ojos para que desahogues tu pesar, y laves tus heridas, y vivas la aventura sin remordimiento; dame la sangre que colorea tu boca que profetiza sueños, y yo te daré mis puños de incondicional motivación; dame el oasis de la proliferación de tu pueblo, y yo te daré el aroma mágico de las tortillas calientes y democráticas.
Patria-utopía: dame el engaño de tu corazón de cristal líquido -ese animal amatorio de sangre fría- y yo te daré la verdad de la igualdad digital; dame el último centímetro que cubre tu mirada hermosa, y yo te daré mi ombligo y mis recuerdos territoriales.
Patria-soberana, madre-patria, hagamos un pacto: dame tus viejas pesadillas de ayuno, y yo te daré el beso de las buenas noches para que sueñes con que le tiendes la cama y le sirves el desayuno a toditos tus niños; dame el mapa de los laberintos y tesoros minerales que te estaban robando, y yo te daré la razón por la que vivo, la razón por la que no puedo morir sin antes pronunciar las veinticinco letras de mi nombre y ver tus pies de diosa de los lirios coincidiendo con mi boca en el momento de la denuncia de la unión de los corruptos.
Patria-estatua, himno, utopía, soberana… patria en busca del patrimonio para sus hijos legítimos… a esta hora de la nostalgia de lo que no he vivido no sé si vivir de amor por ti… o simplemente sonreírte desde el embrujo de una nueva historia que refrendaremos en febrero.
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