El centro histórico como identidad sociocultural

René Martínez Pineda
Sociólogo, UES-ULS
Parto de lo elemental: la redención del Centro Histórico de San Salvador es una redención sociocultural -reconstrucción de los imaginarios populares- con un amplio espectro, en tanto es una reconstrucción social y una recuperación del territorio para el pueblo. En este sentido, la reconstrucción de esos imaginarios culturales es un hecho sociológico con varias dimensiones, es un plan de nación muy complejo y, sobre todo, es una acción que tiene un impacto desigual, tanto en los grupos externos al territorio que impacta, como en los grupos internos que son impactados si la recuperación implica desalojos masivos para alojar el patrimonio cultural.
Sin embargo, es necesario aclarar que la redención sociocultural forma parte de las transformaciones sociales de país y, como tal, hay que conceptualizarla dentro de sus paradojas para rebatir cualquier ataque de una oposición política sin visión de país. Dentro de esas paradojas están: la unidad de la diversidad gestada por lo adaptante y lo mal adaptante de la cultura; la apropiación de unos con expropiación de otros; la inclusión con exclusión; la integración a partir de la desintegración; la igualdad social en la cultura para destruir la desigualdad que generan los grupos que confiscan las calles; la homogeneidad en el marco de su heterogeneidad. Entonces, el primer paso conceptual de la sociología de la cultura es ver la recuperación como fusión cultural que construye una nueva y amplia versión de la cultura popular, más allá de la simple hibridación, y que abandona la visión despectiva y degradante de lo popular de quienes, por cuestiones políticas, afirman que las actividades ilícitas (tal como el “topeterismo” en las calles y la apropiación del espacio público para lucrase de él) no deben desalojarse porque son “la” cultura y son “el” sustento de esos grupos, porque son “su cultura popular”. Esa afirmación de la oposición es una degradación del pueblo, sin duda alguna.
Y es que la fusión cultural que se gesta bajo la forma de drástica recuperación del Centro Histórico -asumiendo que el patrimonio cultural debe ser de acceso universal- es referencia y hace referencia a una activa mezcolanza de prácticas cotidianas al menudeo; de relaciones sociales lineales llenas de conflictos de lo ilícito con lo lícito; de comportamientos colectivos que juntan el “nosotros” con “los otros”; de modificación de la frágil correlación de fuerzas de los grupos involucrados y que incluye procesos de transición, reinvención, adaptación, re-simbolización y de re-aprendizaje para decodificar la nueva realidad después de la recuperación, es decir, un reacomodo de las actividades de las personas desalojadas para alojar el patrimonio cultural en el imaginario popular y, a partir de él, generar nuevas formas de “ganarse la vida” sin condenar a muerte a dicho patrimonio.
La fusión cultural se presenta cuando individuos, grupos, empresas, gobiernos de nuevo tipo y demás agentes de cambio social, a través de formas de importación, imitación o transportación, ponen en contacto dichas fuerzas sociales, reflejando una condición de mediación entre lo que se considera representa lo global y lo local, lo general y lo específico, y lo universal y lo particular. Expresa también una relación de tensión o de conflicto entre prácticas sociales hegemónicas y subordinadas. En este sentido, la recuperación del centro histórico puede ser considerado una fuerza social de cambio para cambiar la cultura política. Esa definición permite trazar una visión dinámica del sentido y dirección que siguen los procesos de cambio social en la territorialidad, a partir, no sólo del patrimonio recuperado, sino también del reconocimiento de que las trayectorias que resultan son, como proceso de reinvención del país, aspectos cualitativamente nuevos y superiores, pero también conflictivos, porque toda reinvención es conflictiva.
Entonces, la importancia de la recuperación del centro histórico radica en que generará contradicciones con quienes, pensando en el mediano plazo y en el desarrollo social, no deberían tenerlas, y eso conduce a los efectos que genera, debido a que, por un lado, se verán provistas de un proceso de recuperación social y de integración cultural -el patrimonio cultural como parte integrante del ciudadano- que impactará positivamente en lo económico, lo cultural, lo social y lo político, en tanto será una adaptación cultural positiva de los grupos que, de esa forma, superarán las malas adaptaciones que llevaron a la informalidad, topeterismo y delincuencia como forma de vida culturalmente aceptada, lo cual es propio de sociedades históricamente marcadas por el atraso, la marginación, la ausencia de democracia, la expropiación del espacio público y la desigualdad social







