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El Derecho como factor de transformación social

Desde su experiencia universitaria, una futura abogada resalta que el Derecho va más allá de las leyes escritas, al ser un reflejo de las condiciones sociales, culturales y económicas del país

Ivania Alas

Cuando me decidí a estudiar Derecho (año 2022) en la Universidad Luterana Salvadoreña (ULS), realmente no sabía que entraría en un mundo tan complejo y fascinante, que no se agota en los libros de texto de jurisprudencia, porque está relacionado con la realidad misma, analizada desde la cotidianidad de las personas que lo desconocen, aunque se enfrentan a él de forma constante a lo largo de sus vidas. Lo que sí sabía es que esa decisión la tomé porque, como mujer que no se pone límites, soy una portadora de la justicia social que tanto necesita un país que, superando años oscuros y sangrientos, quiere reinventarse a imagen y semejanza de los ojos dulcitos y almendrados del pueblo. Y es que el Derecho, como profesión, se origina en las relaciones sociales de los grupos que, de forma desigual, establecen vínculos con los demás y con las fuerzas económicas y políticas de una sociedad históricamente determinada, dentro de la cual las experiencias vividas son fundamentales, porque moldean la personalidad social.

En ese sentido, el Derecho es parte orgánica de la sociedad y adquiere sentido práctico cuando se relaciona con las distintas áreas del llamado “mundo sociocultural” (familia, escuela, trabajo, empleo, política, cultura, medio ambiente, etc.). En ese proceso asociativo, las relaciones jurídicas son las que normalizan y ordenan los puntos de conexión, sin que dichas relaciones dejen de ser dadas, en última instancia, por el cambio constante de la sociedad. Siendo así, las relaciones de interdependencia que se originan desde lo social e histórico, y que luego son mediadas por lo jurídico, son las que determinan la creación jurídica y dibujan el rostro del Estado, a la vez que lo condicionan para que regule la sociedad y sea, al mismo tiempo, regulado por ella. Razón por la cual, según he aprendido en la ULS, el Derecho es una realidad autónoma que tiene como soberano la identidad sociocultural de la ciudadanía y, por tanto, es ésta la verdaderamente constituyente. Eso convierte al Derecho en un fenómeno sociohistórico propiciado por la voluntad social mayoritaria.

En varias de las clases recibidas, con la disciplina necesaria para que mi formación universitaria sea un estímulo para mi hijo, he leído que, desde mediados del siglo XIX, se ha dado por sentado que, para comprender lo jurídico como un campo particular del saber humano, hay que partir de las condiciones materiales de existencia de la población, así como de las condiciones heredadas en la sociedad. Se hace énfasis en que —aunque los abogados que han endiosado el Derecho opinen lo contrario— la legislación no es algo independiente originado desde ella misma, sino que es el reflejo directo de las condiciones materiales y espirituales de una población concreta, en un momento concreto. A partir de ellas inicia una serie de actos y relaciones mutuas en las que interviene el Estado como lugar en el cual la gente define y norma su proceder y se distribuyen los recursos nacionales, por lo que son relaciones de poder entre grupos que tienen muy diferentes cuotas de éste.

Según he comprendido hasta el momento, el Derecho no es “norma y sólo norma”, ni las leyes son “fetiches neutrales con los ojos vendados” que se aplican a un ente abstracto llamado “ciudadanos”. Está incidido por lo social, político, cultural, económico y moral en una sociedad específica, y esto por una razón casi elemental: en un país caracterizado por la desigualdad social como algo normal, los ciudadanos no son iguales, y eso lleva a hablar de “ciudadanías”, en plural. Como todo hecho político, la cuestión normativa, propia del Derecho, es el resultado de la correlación de fuerzas entre los distintos grupos de la sociedad que buscan convertir en ley todas sus conquistas, las cuales plasman en las constituciones. Eso último es lo que le da sentido y significado a las revoluciones que se estudian en la carrera, siendo la más emblemática la Revolución Francesa.

Hoy, el país está atravesando por una serie de transformaciones sociales inéditas, y eso obliga a los estudiantes de Derecho de la ULS a levantar la mano para exigir un lugar en las mismas (el Derecho también es un factor de transformación), con la autoridad moral que nos da el hecho de estudiar en una universidad comprometida con las necesidades de la población más vulnerable del país. Para mí, el Derecho es una inspiración fascinante, y tengo la firme convicción de que mi misión es inspirar a otras mujeres a que lo estudien.

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LPT Redacción

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