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Transporte público en El Salvador: entre la necesidad y la resignación

Un sistema colapsado que retrata la cultura ciudadana, las desigualdades sociales y una urgencia nacional por cambiar.

En El Salvador, usar el transporte público es una experiencia diaria marcada por el desorden, la incomodidad y el riesgo. Miles de personas madrugan para alcanzar un bus o microbús, enfrentando empujones, unidades sobrecargadas y un sistema que se quedó estancado en el pasado. No es una elección, es una necesidad.

Mientras el país avanza en tecnología y comunicación, el transporte sigue funcionando con viejas prácticas: sin mantenimiento, sin respeto al usuario y con una cultura vial deficiente. Subirse a un bus en marcha o pelear por un asiento se ha vuelto normal. Lo más grave es que como sociedad lo hemos aceptado.

El auge del transporte “pirata” refleja que muchos están dispuestos a pagar más por un poco de seguridad y comodidad. Pero no todos pueden hacerlo. La mayoría sigue dependiendo del transporte tradicional y adapta su vida a sus limitaciones.

El caos no solo está en los vehículos, también en nosotros: no hay filas, no hay respeto, la cortesía es escasa. Cambiar esto no depende solo del gobierno, sino también de los ciudadanos. Gestos como respetar turnos, ceder el asiento o no tirar basura son pequeños cambios con gran impacto.

Soñar con un mejor transporte no es utopía. Es una meta posible, si todos asumimos nuestra parte. Porque transformar el transporte es también transformar nuestra forma de convivir.

LPT Redacción

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