
René Martínez Pineda (@ReneMartinezPi1)
Sociólogo y Escritor (UES-ULS)
La sociología, al recurrir al registro de eventos pasados muy puntuales, establece el vínculo orgánico, no aleatorio ni difuminado, entre la premisa concreta y la lógica de movimiento de la sociedad en el presente, pues de nada sirve -a menos que sea por cultura general- estudiar a profundidad el pasado y no abordar el presente. Eso de estudiar a profundidad el pasado, obviando deliberadamente los hechos del presente (en el programa de Historia de El Salvador, de la licenciatura en Sociología, aprobado en 2024, el 80% de los contenidos son del siglo XIX y XX, y el otro 20% es del siglo XVI, o sea que el siglo XXI no existe) es un ardid para no transformar la realidad. Mayor sesgo y visceralidad ideológica, imposible.
La sociología estudia, entre tantos temas, la socialización, las relaciones sociales, la solidaridad, el comportamiento colectivo e individual, desde su objeto de estudio concreto: la estructura social, la que es comprensible en tanto tiempo-espacio de relaciones de poder -horizontales y verticales- tangibles en el presente. Claro está que para comprender la lógica de movimiento actual (reinvención del país, por ejemplo), es vital darle un vistazo al pasado (usar la historia para visibilizar determinados hechos -saberes- olvidados, puestos en modo inexistente o registrados con la narrativa de los victimarios), pues de esa forma se comprende como proceso, no como sumatoria de eventos puestos, a veces arbitrariamente, en una línea del tiempo que evidencia que todavía se usa la noción del tiempo de Newton, como si Einstein no hubiera existido. Así, la sociología estudia procesos históricos, no hechos aislados en su talidad (historiografía inerte), y son esos procesos los que los sociólogos críticos llamamos: “condiciones en movimiento, heredadas y por heredar”.
Por pertinencia ontológica, el objetivo de la sociología es identificar y decodificar los paradigmas vigentes en el comportamiento cotidiano (incluyendo las relaciones interclasistas), para buscar otros más avanzados en sentido histórico para comprender cómo la sociedad funciona, evoluciona y afronta el cambio social que se traduce en transformación social. Los sociólogos se dedican a generalizar conceptos que puedan aplicarse a diferentes grupos, lugares o períodos históricos y, al hacerlo, los reinventa. Por ejemplo, un sociólogo estudia cómo las normas sociales influyen en el comportamiento en el espacio urbano en función de actualizar la definición “lo urbano” y comprenderlo como “sociedad urbana”, la cual tiene muchas más características y requisitos de fundación que el primero.
Si bien sociología e historia comparten problemas de estudio, hay que considerar que la diferencia significativa -elemental- entre ellas, es el período temporal en el que ubican su objeto de estudio. La sociología se centra y amplía el presente, sin que eso signifique obviar el pasado, aunque sí lo reduce en comparación con aquel. Centrarse en el presente le permite a la sociología estudiar, en tiempo real, la lógica de movimiento de la sociedad, el desarrollo y mutación de las relaciones sociales y de la socialización (presencial o virtual), las condiciones heredadas sobre las que se edifica el presente, y la desigualdad social, entre otros. En tal sentido, sólo cuando el presente lo exige (para buscar el por qué y para qué de las emergencias sociales), los sociólogos estudian hechos puntuales del pasado (visibilizarlos), pero no para jugar con la retórica, sino para comprender la situación actual y proponer otra narrativa que decodifique las historias frustradas para visibilizar las ausencias u olvidos de dicho pasado.
La historia, por su parte, amplía el pasado, lo magnifica, se centra en él, y ese no es un problema necrótico, es una opción programática comprensible y necesaria para quienes la estudian, pero no es extrapolable a la sociología. Los historiadores reaccionarios con estudios de sociología estudian eventos (no hechos), grupos, personajes y coyunturas específicas -lo cosificado- con la intención de comprenderlas (invisibilizando a la víctima, aunque la mencionen), mas no de transformarlas, ni mucho menos transformar el presente, salvo raras excepciones que bien podríamos llamar “historiadores críticos”. Y es que la historia se empeña en reconstruir la realidad pasada usando documentos construidos socialmente y, por tanto, con un posicionamiento ideológico. Al final, el punto es darle su lugar a la sociología privilegiando el presente, no el pasado.







