OPINIÓN

Calidad del Trabajo Social en la Universidad Luterana Salvadoreña -ULS-

Hilda Melany Erazo

Coordinadora Licenciatura en Trabajo Social, Universidad Luterana Salvadoreña, ULS

Hay preguntas esenciales en la práctica profesional, y una es: ¿Puede haber un trabajo social preeminente sin calidad ni compromiso con los pobres? Esa pregunta es recurrente en la ULS y, para responderla, es elemental definir qué significa “calidad” en el trabajo social porque, desde nuestra perspectiva, ésta es parte del compromiso.

Existe un consenso en el campo ético de las profesiones que plantea la calidad como la premisa para definir las competencias de un buen profesional. La calidad sería un símil de excelencia profesional y dedicación social, tanto en lo teórico como en lo práctico. Y buscar la excelencia sólo es posible si una profesión está preparada para vencer los males comunes de las profesiones relacionadas con las ciencias sociales: la burocratización, el conformismo y la mercantilización.

Toda profesión es una actividad social que presta un servicio específico a la sociedad en que actúa institucionalmente, y ello exige contar con unas aptitudes determinadas para su ejercicio y con un singular interés por la meta establecida en términos colectivos. Por ello, todo profesional se compromete a concretar las metas de esa actividad social, más allá de los intereses particulares para incorporarse a ella, y eso es lo que se promueve en la ULS en la carrera de Trabajo Social. Esas metas sociales son las que le dan sentido y legitimidad al ejercicio de nuestra profesión, siendo algo así como su patrimonio, interno y específico, que es elemental para el ejercicio profesional. Las metas son las que le dan sentido a una profesión, y eso es factible cuando los motivos personales son coherentes con la meta social que legitima a los primeros.

Y es que cuando los motivos personales se convierten en metas sociales se construye el patrimonio de una profesión, cuya razón de ser es impedir que se corrompa la profesión y deje de servirle a los grupos vulnerables brindándoles los conocimientos, técnicas, principios y motivación para convertirse en protagonistas de su futuro, lo cual es esencial para promover una vida digna.

Por esa razón es que en la ULS se está en un permanente esfuerzo por actualizar las profesiones que imparte (todas con vocación social), volviendo al factor originario de su surgimiento, es decir a sus fines originarios más legítimos, en tanto surgieron para apoyar el desarrollo de las comunidades más necesitadas y para construir una sociedad más justa. A ese patrimonio de la profesión (que son al mismo tiempo sus fines) se le llama “virtudes académicas”, lo que los griegos llamaron “excelencias”, refiriéndose a las personas que destacaban por el respeto a sus compañeros en el buen ejercicio de una actividad. Excelente sería -si hablamos de un profesional del Trabajo Social- el que compite consigo mismo para ofrecer un buen producto profesional a la comunidad; el que no se conforma con la mediocridad utilitaria de quien sólo aspira a un mejor puesto o aun salario mayor, pues su retribución más grande es ver a una comunidad superando sus limitantes y construyendo su identidad.

Entonces, lo que permite determinar en cada contexto histórico qué caracteriza un “excelente” ejercicio profesional es su misión, o sea su propósito ulterior. La misión es el objetivo estratégico que toda actividad social se propone alcanzar, su patrimonio interno al servicio de lo externo. Eso supone tener claro –a nivel personal-profesional, como colectivo-profesional- cuál es la misión de la actividad profesional, el fin último de lo que se hace, el fin último que se ama hacer, es decir, ¿para qué sirve el trabajo social? ¿a quién sirve el trabajo social con sus prácticas? ¿cuál es el patrimonio interno del trabajo social y cuál es el patrimonio externo que quiere legar? ¿para quién trabaja y desde dónde?

En ese sentido, sólo los trabajadores sociales que reflexionan sobre la misión de lo que hacen, pueden realizar un trabajo éticamente potenciado y con excelencia, o sea un trabajo social de calidad. En otras palabras, un buen profesional es aquél que reflexiona sobre la misión y patrimonio de su profesión y se propone personificarlo en su vida profesional, en tanto bien íntimo que pretende usar para mejorar las condiciones del país.

El bien íntimo -a partir de que se logra construir una intimidad con la comunidad con la que se trabaja- sólo se consigue haciendo con calidad cada acción -grande o pequeña- por lo que sólo se puede ser un buen profesional ejerciendo con calidad la propia práctica en función de la aprobación ética de la comunidad y de los colegas. Lo anterior es lo que se propone la ULS. Finalmente, quienes se dedican al trabajo social de forma profesional buscan, en última instancia, la construcción de una sociedad en la que cada persona viva con dignidad y satisfaciendo todas sus necesidades, y eso implica que su labor es potenciar las capacidades y motivaciones sociales de las personas para que sean protagonistas de la sociedad en la que viven.

Redacción LPT

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