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Una madre tan padre

Las madres salvadoreñas son tan padres, nunca renuncian ni se jubilan, cumplen su función con todo su amor, ese amor que únicamente es superado por Dios, nuestro creador.

Por: Rafael Granados

Estamos a unas horas de celebrar en El Salvador el Día de las Madres, esos seres tan especiales que Dios y la vida han puesto en nuestro camino con un corazón de hierro que no se doblega por ningún temor, esas mujeres que sacan fuerzas desde lo más interno de su corazón, para guiarnos, aconsejarnos, y respaldarnos en cada etapa de nuestra vida.

Las madres sin duda son como dicen los mexicanos, bien ¨padres¨, ya que se entregan en cuerpo y alma a cumplir con la noble función que Dios les ha encomendado. Si a los hijos les toca salir de casa, temprano por la mañana, ellas, estarán despiertas aún más temprano para preparar un desayuno o al menos, una deliciosa taza de café.

Si es noche y sus hijos aún no llegan, ella ignora el sueño, se acomoda en su silla favorita, apaga las luces de la casa para no molestar a los demás y hace vela, en espera del hijo que falta en casa, ya que el noble corazón que tiene no le permite dormir ni conciliar el sueño si uno de sus vástagos no está en casa.

Cuando el hijo logra un triunfo académico o laboral, ella es la primera que con orgullo alza la voz contando las proezas de su retoño; ah!, pero sí el hijo fracasa, ella también es la primera que sale a su encuentro, ofrece un abrazo que tiene la capacidad de sanar el alma, un abrazo inspirador que se mezcla con una tierna voz que dice: ¨Hoy no se pudo, mañana podrás, no te detengas¨.

Las madres salvadoreñas son tan padres, porque son capaces que criar, educar y sacar adelante a sus hijos ante la ausencia de un padre. Si los hijos enferman, se convierten en las mejores doctoras del mundo; si presentan problemas emocionales, son las mejores psicólogas del planeta; si reflejan problemas de aprendizaje, sin dudarlo se vuelven las mejores profesoras y sin un título que las acredite forman excelentes profesionales.

Estás letras son un homenaje a todas las madrecitas salvadoreñas, a las que viven y tienen la dicha de disfrutar estás fechas con hijos, nietos y quizá bisnietos; así como también, un homenaje para todas aquellas madres que físicamente ya no están entre nosotros, que se nos han adelantado, pero que en vida, se entregaron por sus hijos y por toda la familia.

Las madres salvadoreñas son tan padres, nunca renuncian ni se jubilan, cumplen su función con todo su amor, ese amor que únicamente es superado por Dios, nuestro creador.

Redacción LPT

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