OPINIÓN

Trabajemos por el país que queremos

beneficien a las grandes mayorías, ya que haciendo eso, estaremos trabajando por el país que queremos.

Por Rafael Granados

El expresidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, dijo en cierta ocasión: “No te
preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú
por tu país”. Sin duda, son unas palabras que al día de hoy continúan teniendo
vigencia y que deben servirnos de inspiración para trabajar en la construcción del
país que queremos.

A nuestro país, El Salvador, le ha tocado vivir episodios duros, llenos de injusticia
y corrupción, a parte de los doce años de una guerra civil que arrebató la vida de
más de 75 mil compatriotas y dejó cientos de salvadoreños desaparecidos, entre
niños, mujeres y ancianos.

Partidos políticos como ARENA y FMLN vieron en el dolor de la guerra la
oportunidad de hacer marketing político y venderse ante la población como los
nuevos paladines que redimirían al país, sacándolo del subdesarrollo y llevándolo
a niveles muy competitivos.

Sin embargo, la historia nos ha confirmado que esos institutos políticos lo único
que hicieron fue saquear al país, apoderarse de las instituciones públicas y
consolidar un esquema perverso de corrupción que se extendió por treinta años.

ARENA, quien llegó al poder por primera vez en 1989, llevando a la presidencia
del país a Alfredo Cristiani, inició con un programa de privatización, que comenzó
con la entrega de los bancos a sus amigos y allegados, debilitando las políticas
económicas del país.

Luego, vino el quinquenio de Armando Calderón Sol, quien continúo con ese
mezquino plan, condenando a la pobreza a más familias salvadoreñas, lo cual vino
a repetir Francisco Flores y Antonio Saca, todo, como una rueda de caballitos que
solo buscaba el beneficio de sus amigos, familias y financistas.

Posteriormente, en el 2009, apareció Mauricio Funes, el primer presidente de la
República por el FMLN, quien gritó a los cuatro vientos que su gobierno se
caracterizaría por su interés en los más pobres, tal y como lo predicó años atrás
Monseñor Óscar Arnulfo Romero, sin embargo, todo fue una demagogia y terminó
saqueando las finanzas públicas, al igual que su sucesor, Salvador Sánchez
Cerén.

Ahora, la historia está cambiando y el país también, con la llegada al gobierno del
presidente, Nayib Bukele, en el año 2019. La economía ha comenzado a mejorar,
el país ha sido referente en el manejo de la pandemia del COVID-19 a nivel
regional, la infraestructura y el turismo se ha fortalecido y la brecha de desigualdad
se ha reducido significativamente.

Nosotros, como buenos salvadoreños, debemos apoyar las políticas públicas que
beneficien a las grandes mayorías, ya que haciendo eso, estaremos trabajando
por el país que queremos.

Redacción LPT

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