Tejiendo redes, soñando futuros

Lisbeth Esquivel
Estudiante de Segundo año de Sociología -UES-
La frase que me dijo, para comentar su situación, me recordó el final de la novela “El coronel no tiene quién le escriba”. “Estoy comiendo mierda”, esas fueron sus palabras. No sé en qué momento se me ocurrió venirme para acá. Palabras que salían, por sí solas, mientras veía con desesperación a su familia a través de la pantalla del celular, familia a quien, después de un tiempo, admitió las ansias que tenía de abrazar, aun sin tener esa costumbre, pero ahora era un anhelo lleno de frustración. El simple hecho de hacer videollamada le parecía tortuoso, a él, y su familia sufría al no saber de su familiar estando a miles de kilómetros de casa.
Un fenómeno tan complejo, como lo es la migración internacional, ha sido tratado y explicado especialmente desde lo económico, sin embargo, no puede ser explicado solamente considerando eso. “La migración había venido explicándose mediante teorías económicas que consideraban que los factores que la generaban eran netamente económicos, excluyendo la posibilidad de que otras perspectivas emitieran su propia explicación, lo cual era una gran limitante”, según Mario Pérez.
Si bien la economía juega un papel importante en la decisión de migrar, es mucho más enriquecedor hablar de la migración como un concepto extenso, con múltiples enfoques que son capaces de interrelacionarse y afectarse entre sí. Una visión que nos ayudaría a comprender mejor esta dinamicidad, es la teoría de la interdependencia propuesta por Anthony Giddens, quien afirma que “la idea de interdependencia nos permite abandonar una visión causal unidireccional excesivamente simplista de los procesos sociales del tipo A causa B.” Y es que ninguna persona es completamente independiente, tampoco las estructuras pueden ser vistas como aisladas la una con la otra, la economía no es por sí sola, tampoco la política o la religión.
Considerar la parte social de la migración, supone que ésta “se intensifica con las interacciones tejidas entre los actores, en función de los motivos y expectativas que se generan al estar en relación con migrantes activos o de retorno”, dice Pérez. Así, tanto las interacciones cara a cara, como las que son a través de medios de comunicación, generan redes migratorias y expectativas que se tienen sobre el destino.
El capital social y humano es fundamental debido a la perpetuación y sostenibilidad que le da a la migración. Y, en tono pensativo, dijo que: “si llegar acompañado al país no deja de ser una experiencia dura, el no estarlo es aún peor. Al menos yo tuve la bendición de encontrar las personas correctas en el momento correcto”. Las conexiones entre los migrantes, influyen en gran medida en los futuros migrantes, porque sirven como fuentes de información sobre el país de destino, además de permitirles mejores oportunidades de desarrollo en un país ajeno. “Aquí estuvieras vos también, pero como no quisiste. ¡Mirá! Sin pisto, pero viviendo el sueño americano”. Las redes sociales son como un resultado de las prácticas sociales, que al ser habituales producen instituciones formales e informales, con diferentes andamiajes y recursos. Así, estas redes son estructuras dinámicas compuestas por actores que están interconectados a través de vínculos o relaciones sociales basadas en el parentesco, intereses compartidos, amistad, etc. Es de esa forma cómo se crean tejidos sociales.
En ese sentido, las redes son capaces de entrelazar migrantes con no migrantes, cuya relación puede facilitar la obtención de información y ser capaz de crear un deseo de partir, mediante la socialización y la confianza. Así mismo, reducen la incertidumbre y facilitan la movilización en el país destino, a pesar de ser una situación de riesgo, con condiciones sumamente difíciles que los convierten en una población vulnerable. “Mi mamá no aparece, vos, no sé qué ondas. Se fue hace bastante y se supone que tuvo que haber hablado ya.
“Las relaciones interpersonales entre migrantes con diferentes potencialidades y características, y la manera en que están socialmente conectados, permite el desarrollo de redes sociales con diferentes funciones y niveles de arraigamiento”, afirma Pérez. Al respecto se puede poner de ejemplo: los fuertes lazos familiares, pilar fundamental en cualquier sociedad. Dichos lazos, pueden llegar a transformarse en redes de apoyo, ya sea económico o emocional, pero no solamente ellos, sino las relaciones que los migrantes van creando a lo largo de su camino sostenido sobre la solidaridad y una amistad súbita, como las que se crean llegando a México y relacionarse con personas “buenas”.
Pero está la contraparte, personas que son pagadas donde, por supuesto, se tiene un interés mutuo, sin embargo, se pueden ver en extremo deshumanizados, perdiendo cualquier tipo de empatía por el otro, y cometer actos atroces en su contra. Cada una de las relaciones que se forman son por demás importantes en la vida del migrante. Estas redes actúan como capital social, proporcionando recursos y apoyo que pueden influir en la decisión de migrar y en la adaptación en el nuevo país.
Las redes de intermediarios son, por su parte, una articulación de agentes con intereses particulares que desempeñan papeles específicos, dentro del proceso migratorio, por brindar un servicio específico a los migrantes, funcional o benévolo, y que cuando son conocidos por los migrantes se vuelven una especie de capital social para ellos, perifraseando a Pérez-
Se puede concluir que las redes sociales son una de las principales causas por las que la migración internacional se ha mantenido activa durante mucho tiempo, ya que no sólo sirven como dotadoras de recursos, sino que ayudan a la transformación y adaptación con el nuevo entorno. Dichas redes se crean por el tipo de relaciones, temporalidades y los niveles de calidad. Así pues, no está de más decir que quienes carecen de este valioso capital social a la hora de migrar, se ven en una situación de vulnerabilidad mayor que quienes si lo tienen.
¿Qué es entonces el capital social? Según Glenn Loury, un economista y académico estadounidense, dicho capital “designa un conjunto de recursos intangibles en las familias y en las comunidades que ayudan a promover el desarrollo social”.
Ahora bien, teniendo en cuenta que este capital es un conjunto de recursos que posee un grupo de personas, o un individuo en particular, producto de las relaciones sociales las cuales no son estáticas, sino dinámicas, Bourdieu hace referencia al tamaño del capital social, el cual depende “del tamaño de la red a la que pertenece, del que puede movilizar, y del volumen de otras formas de capital económico o cultural que cada uno de sus contactos tenga”.
Para estudiar las relaciones sociales es conveniente poner especial atención en quienes han experimentado el proceso migratorio. “Fíjate que creo que no tanto así, porque yo sabía que no iba a ser fácil, pero ¿qué me quedaba haciendo yo haya? Si no tengo ni casa propia, no tenía trabajo, no tenía nada…”, las redes sociales son un factor fundamental si se intenta abordar el hecho migratorio desde el contexto donde gran parte de la población migrante piensa en la búsqueda de “algo mejor”.
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