«Desde la sociología estamos viviendo un período llamado de reinvención del país»: René Martínez, sociólogo
El sociólogo y docente universitario explica que la población cree y confía en el presidente Bukele porque cumple sus promesas, a diferencia de los líderes de ARENA y el FMLN que se olvidaron de la población y ahora solo están a la espera de la extinción.

El presidente de la república, Nayib Bukele, es una «singularidad sociológica», dice el sociólogo y docente universitario René Martínez al analizar la figura del gobernante como un referente de la coyuntura política nacional e internacional.
Desde su campo de estudio plantea que las transformaciones que se están llevando a cabo en El Salvador son fruto de la «verdad pragmática» donde el Ejecutivo escucha el sentir y el pensar de la población para resolver los problemas sociales, como la inseguridad.
Desde la sociología, ¿cómo puede llamársele al periodo que El Salvador comenzó a vivir a partir del 1.º de junio de 2019?
Desde la sociología, podemos llamarle al periodo que se inaugura con la elección de Nayib Bukele, en 2019, como la reinvención del país. Esa reinvención tiene como sustento varios aspectos. El primero es que fue en 2019 en que El Salvador entró al siglo XXI. Eso en términos políticos. En 2019 lo que se vivió en El Salvador fue una rebelión electoral que prácticamente le pone fin al bipartidismo de facto y también pone en cuidados intensivos a los partidos políticos que habían diseñado a su imagen y semejanza toda la institucionalidad del país. Pero se da un proceso de acumulación de fuerzas y eligen en primera vuelta a Nayib Bukele. Nayib tuvo que rebuscarse, voy a usar esa palabra, rebuscarse, para poder participar como candidato. El Tribunal Supremo Electoral y toda la institucionalidad del Estado le pusieron las trabas para que no lo hiciera. Sin embargo, la población se rebela y lo elige presidente. Y esa rebelión electoral se ratificó en 2021: la gente le da a Nayib Bukele una Asamblea Legislativa favorable, con mayoría calificada. Y en una tercera rebelión electoral la población la convierte en una mayoría absoluta. Con eso entramos al siglo XXI en materia electoral.También entramos al siglo XXI en materia de derechos humanos, porque es con Nayib Bukele con quien se empiezan a reivindicar los derechos humanos de las víctimas y no los derechos de los victimarios. Y en materia de desarrollo social después de 2019, El Salvador entra en un proceso de inversión pública en favor de las mayorías. También se redefine la utopía social, que es el hecho de que lo público debe ser mejor que lo privado. Finalmente, en términos de democracia real, a partir de 2019, entramos en la concreción de la democracia desde la perspectiva de los sectores populares. Y eso se logra precisamente con resolverle a la gente el problema urgente que tenía, que era la delincuencia.

Esta reinvención social que plantea, ¿es necesario un nuevo contrato social, una nueva Constitución?
Definitivamente. Si revisamos de forma crítica las constituciones, las 14 constituciones que ha tenido El Salvador, nos vamos a dar cuenta de que es la misma Constitución repetida 14 veces. Una Constitución que no sirvió para resolverle a la gente el problema de la delincuencia, la pobreza, la desigualdad social. Si estamos en un nuevo contexto, si estamos reinventando al país, no podemos continuar con la misma Constitución, necesitamos una nueva. Ya hay un artículo que se modificó y aprobó por la Asamblea Legislativa, que es la posibilidad de que una misma Asamblea haga reformas [y las ratifique]. Hoy que se tiene la correlación de fuerza y se tiene un liderazgo político con el suficiente respaldo en la población creo que es un momento de redactar una nueva Constitución, dándole a la población mayores mecanismos de participación como el plebiscito y el referéndum.
¿Cómo se ha reconfigurado el espectro político en este tiempo, partiendo del 1.º de junio de 2019?
Hay una readecuación importante en materia política que ha convertido a Nayib Bukele en un líder no solo nacional, sino transnacional. El presidente de la república es prácticamente el presidente mejor evaluado en los últimos años, a nivel planetario. Y eso me ha llevado a definir, desde la perspectiva sociológica, a Nayib Bukele como una singularidad sociológica.
¿Qué se define por singularidad sociológica?
La singularidad sociológica significa que hay momentos coyunturales en los cuales una persona le presta su nombre y su rostro a la coyuntura. Es por eso de que, cuando se habla de cualquier cosa en El Salvador, siempre se hace referencia a Nayib Bukele. Estamos viviendo en un nuevo contexto político, estamos viviendo en una nueva situación a partir de la cual las readecuaciones y la lógica de movimiento de la realidad están en función de lo que se conoce como la verdad pragmática, que es el sentir y pensar de la población, y que se traduce en una serie de orientaciones que son retomadas a nivel del Estado como línea de acción para ir haciendo una serie de modificaciones en materia de política pública, por ejemplo. Es por eso por lo que vemos cómo se ha dado una correlación interesante a nivel político, en el sentido de que no solo se cuenta en este momento con el líder correcto, sino que con el pueblo correcto.
¿Qué marca la diferencia en cuanto a que gobernantes anteriores resultaron mal evaluados en sus primeros 100 días de gestión, pero el presidente, a seis años en el Ejecutivo, mantiene alta aceptación?
Antes los procesos electorales eran un ritual macabro. En el papel y en la propaganda electoral todos los candidatos eran honestos, inteligentes, comprometidos, cercanos a la población. ¿Cuál es el cambio? El cambio es que llega Nayib Bukele, hace una serie de promesas y las empieza a cumplir. Entonces, si tú le cumples a la gente, obviamente no solo te ganas su confianza, sino que la gente sigue comprometida contigo.
Hay algunos sectores que quieren volver al poder o algunos partidos nuevos que intentan llegar al poder…
ARENA como el FMLN están en una extinción real, no son opción electoral para la población, porque jamás olvidará la sangre que se derramó, toda la extorsión que sufrió. Ahora, esos partidos nuevos, por ejemplo, VAMOS, son nuevos por el nombre, nada más. VAMOS representa lo mismo que representa ARENA y el FMLN. Lo que falta es la extinción formal, es decir, cuando no consigan el porcentaje de votos suficientes.
¿Considera que la oposición tiene líderes potables ahorita?
No, no tiene ninguno. Es más, los sumas a todos y no hay ningún liderazgo. Ninguno de los de las caras visibles de los opositores tiene liderazgo ni formal o burocrático, como se le llama, ni tiene liderazgo carismático. Nosotros vemos los que algunos llaman la juventud del FMLN o la juventud de ARENA, pero te das cuenta de que son cara joven, pero con el pensamiento de los viejos líderes.
¿Cómo ve El Salvador de aquí a 2029?
Vamos a tener casi resuelto el problema de la seguridad. En infraestructura pública va a ser un El Salvador distinto. Veremos para 2029 cómo empieza a surtir efecto toda la inversión pública en educación. Y seguramente vamos a estar viendo ya los primeros indicios [de inversión] con
empresas que están dedicadas a la transferencia de tecnología. Veo a El Salvador también como un referente, no solo de la seguridad pública, sino que también como un referente en la transferencia de tecnología a nivel de la región.
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