OPINIÓNPORTADA

República Popular China, una democracia consultiva

China, la segunda economía del mundo con perspectivas de convertirse en la primera potencia económica planetaria a partir de la próxima década, posee un sistema político que le ha dado al país, a partir del proceso de Reforma y Apertura de Deng Xiaoping, desde diciembre de 1978, cambios económicos y sociales que la transformaron a partir del gigantesco salto, en términos de modernización, transformación industrial, reforma urbanística, educación, salud, bienestar para la población, estabilidad y cohesión social.

China alcanzó en pocas décadas un nivel de modernización y avances científico-tecnológicos que a otras naciones les llevó siglos conseguir. Hay dos sucesos trascendentales de su historia reciente: el triunfo de la revolución el 1.º de octubre de 1949, liderado por el presidente Mao Zedong, y la llegada al poder de Xi Jinping como presidente de la república el 15 de marzo de 2013, que consolidó la modernización de China y formuló políticas trascendentales, como la iniciativa del Cinturón y La Ruta de la Seda y la Comunidad de Futuro Compartida.

Las reformas promulgadas por Deng Xiaoping y sus aliados se desmarcaron de la economía socialista centralizada de comando, abriendo China a la inversión extranjera, la tecnología y el mercado global. Ello les permitió, en los últimos 40 años, sacar a 800 millones de sus habitantes de la pobreza absoluta y convertirse en «la fábrica del mundo», aparte de volverse los pioneros de la Quinta Revolución Industrial, caracterizada por la integración de tecnologías como la inteligencia artificial (IA), el internet de las cosas (IoT), el big data y el 5G.

Una cita de Mao Zedong, «Devolver al pueblo con precisión lo que el pueblo nos enseña con confusión», es la quintaesencia de la democracia consultiva que es hoy el eje central de las políticas públicas chinas, efectuadas luego de consultas a todos los niveles, desde el pleno del comité central del Partido Comunista Chino (PCCh) hasta las asambleas populares de los más apartados cantones y aldeas del inmenso país. Dos son los órganos principales en el sistema de democracia consultiva chino, la Asamblea Popular Nacional (APN), que es el órgano supremo del poder estatal, y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), órgano consultivo político clave en el sistema de frente único del PCCh. Ambas instituciones se reúnen anualmente, generalmente en primavera, en lo que se conoce como las «Dos Sesiones».

La APN es el máximo órgano de poder del Estado, responsable de la legislación, el nombramiento y destitución de altos cargos, la toma de decisiones y la supervisión. Tiene un comité permanente que ejerce sus poderes cuando la APN no está en sesión. Sus diputados son elegidos de acuerdo con la ley, y los períodos de mandato son de cinco años. La CCPPCh es un órgano consultivo político, no legislativo, que incluye a personas de diferentes sectores y partidos. Facilita la participación y consulta de diferentes opiniones y grupos en la política china. Juega un papel importante en la promoción de la amistad con otros países y en la lucha por la unidad nacional.

El concepto de democracia consultiva hace referencia al sistema marxista-leninista de dictadura democrática y de centralismo democrático en los que el PCCh es el representante del pueblo, un sistema político de «democracia socialista con características chinas». El PCCh incorpora formalmente los intereses de varios grupos sociales a través de la «democracia consultativa», pero su legitimidad se deriva principalmente de garantizar el orden, la prosperidad y la seguridad.

El partido-Estado, alentado por sus éxitos en los ámbitos del crecimiento económico y de la salud pública, los presenta como pruebas de un modelo exitoso socialmente. En 2017, Xi Jinping declaró: «La democracia socialista china es la democracia más integral, genuina y efectiva». El concepto y la práctica de democracia consultiva china se remonta hasta los inicios del movimiento comunista hace 100 años, consistente en realizar asambleas populares donde las bases opinan y dan su consentimiento a las decisiones trascendentales de la nación. A diferencia del centralismo democrático de otros partidos comunistas, donde la mayoría ejerce una dictadura centralizada, la democracia consultiva en China asemeja una práctica de consenso entre todos los actores de la sociedad. Una práctica más cercana a la tradición milenaria del pensamiento filosófico de Confucio y Lao Tsé que a un dogma político-partidista, una práctica más bien de democracia horizontal que de consigna verticalista.

Ejemplo es la discusión en 1949, cuando entre las bases se debatió el nombre de la futura república y se escogió su bandera, himno, programa, teniendo en cuenta que el Kuomintang de Chiang-Kai-shek se había apropiado del término «República de China». Las propuestas de «República Democrática de China» y «República Democrática Popular de China» fueron rechazadas. Las bases eligieron el nombre de «República Popular China» al considerar que el término «república» incluía el de «democracia». Igual se escogió de entre varias propuestas la actual bandera, el himno y su programa. Basado en la ideología marxista-leninista, el término chino «democracia» está arraigado en el lenguaje partidario desde la fundación del PCCh, cuya misión es construir una «democracia popular».

En 2019 el presidente Xi Jinping acuñó el término «democracia de proceso integral», según el cual el PCCh aúna las voces internas y externas al partido, «permitiendo a las personas ejercitar su derecho a ser los amos del Estado». Este ideal de una democracia colectiva y orientada al consenso bajo el liderazgo centralizado del partido se contrapone al estilo competitivo y confrontativo de la democracia occidental.

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Redacción LPT

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