
René Martínez Pineda
Sociólogo y Escritor, UES-ULS
Pienso cada una de mis palabras, pero no para que las lean, sino para que las imaginen.
Brotas, inconsulta, del recuerdo en que vivo.
El cielo hilvana su pesar a las ilusiones sedientas.
Todo reverdece a tu paso, a pesar del concreto.
Nostálgico, como el sol en el ocaso drástico.
Hace frío cuando te alejas de mis palabras.
Hace frío sin ti a pesar del fuego impuro que masacra memorias.
En mi mirada crece la distancia en los minutos.
Cuánto te extraño cuando la ciudad es ajena.
Todo retiene tu último suspiro como ruinas misteriosas.
En tu sonrisa atracan los zenzontles y cometas.
De tus besos vuelan sus arrullos e ilusiones.
Tú lo llenas todo, canción del pueblo al amanecer.
Como el silencio primitivo, como su luz, lo llenas todo.
Todo te recuerda a pesar de la amnesia colectiva.
En los minutos secretos la pasión se desborda.
Y el amor titila como lucero huyendo de los ladrones.
Deseos retenidos, gorjeos de pájaro peregrino,
laberinto sin centro, como el amor, todo lo llenas.
Todas mis sendas saben de tus huellas, a pesar del olvido.
Mis recuerdos se prenden de sus risas vocingleras.
Infancia constante que se esconde en las arrugas.
Descubriste mi mirada y en ella te descubres.
Te recostaste en mis palabras, lo llenas todo.
Todo habla de ti, a pesar del silencio heredado.
Remonté, con tus alas, el muro de la delincuencia patética,
detuve el péndulo con tus dedos anunciados.
Misterio remoto que tanto deseo desde que te deseo,
en tu ausencia el tiempo es un monstruo insobornable.
Todo camino me lleva hacia ti a pesar de los descalzos.
En tus manos retienes y arrullas la leche del alma mía,
y mis manos como un instante infinito te retienen.
Fue el febrero propicio, la hora del embrujo oceánico,
y… lejos, diosa de los pobres, me prendí de tu abrazo
a pesar de las masacres hipotecarias y extorsiones.
.
Fue el frío y el destino, éramos la profecía.
Fue lo desconocido y anónimo, éramos el mapa.
Ensueño remoto, no sé cómo, ni por qué,
pero mi alma germina en el jardín de tus besos.
Todo lo llenas, a pesar de la pobreza.
Sin conocerte eras ya mía desde el mesón entrañable,
eras el presagio que gritaban mis palabras, lo llenas todo.
Toda palabra aletea tu nombre de nueva ortografía.
Y entonces tus senos que me emboscan con su vaivén de fuego.
Tu saliva que grita mi nombre sin decirlo.
Todo eco te repite en los cubos alegres
para olvidar la emigración masiva de las almas.
Y el descanso tierno, como gatita somnolienta.
Las palabras reivindican y se alejan de los labios corrompidos.
Todo silencio me grita tu amor, pueblo.
Tuve que remontar el océano sobre alas muertas
para traerte hasta mis sueños, todo lo llenas.
todo lo alumbras con tu sombra.
Emerges en los versos rompiendo el diccionario.
Te escondes en mis sílabas maniatando sus verbos.
Pregonero mudo, panadero sin brazos, cruz sin fe,
eso sería sin ti, porque tú me llenas todo.
Todo mi cuerpo te transpira en la torre del parque Cañas.
La distancia no recorrida es cruel, como carcelero sin sangre.
El mar se recuesta en la hamaca del horizonte
para soñar sus sueños indecibles y eternos.
Todos mis ríos desembocan en tu mar, en tu poema de amor.
En tu ausencia el tiempo es un demonio insobornable.
En tu presencia el tiempo es un santo diminuto.
Contra viento y marea. Contra todos los pronósticos.
Encontraste mi mirada y en ella te encuentras.
Besaste mis labios y en ellos te besas cada febrero.





