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Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica tras una contundente victoria electoral

La politóloga de 39 años ganó en primera vuelta con una agenda de mano dura contra el narcotráfico y reformas al Estado

Laura Fernández se convirtió este domingo en la nueva presidenta de Costa Rica tras imponerse de forma contundente en las elecciones generales, en las que obtuvo el 48,7 % de los votos, superando ampliamente el umbral necesario para ganar en primera vuelta. Con el 85 % de las actas escrutadas por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), la politóloga de 39 años se consolidó como la figura central de un cambio político marcado por el endurecimiento del discurso en materia de seguridad.

La candidata del Partido Pueblo Soberano basó su campaña en una promesa de mano dura contra el narcotráfico, un fenómeno que ha golpeado con fuerza a un país que durante décadas fue considerado uno de los más seguros del continente. Su principal contendiente, el socialdemócrata Álvaro Ramos, obtuvo el 33,18 % de los votos, quedando a una distancia considerable en una elección que rápidamente mostró una tendencia irreversible.

Apenas se conocieron los primeros resultados, miles de simpatizantes de Fernández salieron a celebrar en distintos puntos del país. Caravanas de vehículos con banderas turquesa y fiestas callejeras se extendieron por San José y otras ciudades, reflejando el respaldo popular a una propuesta que capitalizó el principal reclamo ciudadano: la inseguridad.

Fernández, considerada discípula política del presidente saliente Rodrigo Chaves, le agradeció públicamente su respaldo durante una videollamada, en la que reconoció la confianza depositada en ella para convertirse en la presidenta electa de Costa Rica. Chaves, una figura polarizante, fue también uno de los primeros mandatarios en felicitarla, al igual que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con quien se le compara por su enfoque en seguridad.

El triunfo de Fernández refuerza la presencia de gobiernos de derecha en América Latina, sumándose a recientes victorias en países como Chile, Bolivia y Honduras, y en un contexto regional en el que este año se celebrarán elecciones presidenciales en Brasil y Colombia, actualmente gobernados por la izquierda. Además, Fernández se convertirá en la segunda mujer en gobernar Costa Rica, después de Laura Chinchilla, quien también ganó en primera vuelta en 2010.

La presidenta electa asumirá el cargo el próximo 8 de mayo y ha adelantado que buscará una amplia mayoría legislativa para impulsar reformas constitucionales. Entre sus propuestas destacan el fortalecimiento del aparato de seguridad, el aumento de penas, la aplicación de estados de excepción en zonas conflictivas y la finalización de una cárcel inspirada en el modelo de la megaprisión salvadoreña para pandilleros.

Durante la actual administración, la tasa de homicidios alcanzó un récord de 17 por cada 100,000 habitantes, y siete de cada diez asesinatos están vinculados al narcotráfico, que ha convertido al país en un centro logístico y de exportación de drogas, según datos oficiales. Para muchos votantes, estas cifras justifican un giro drástico en la política de seguridad.

No obstante, el proyecto de Fernández ha generado preocupación en sectores opositores, que advierten sobre un posible debilitamiento institucional. Sus críticos aseguran que las reformas al Estado podrían facilitar el regreso de Rodrigo Chaves al poder una vez finalizado su mandato, pese a que la Constitución le exige esperar dos períodos para postularse nuevamente.

Figuras como el expresidente Óscar Arias, premio Nobel de la Paz en 1987, alertaron sobre los riesgos de modificar la Constitución con fines políticos. A estas críticas, Fernández respondió asegurando que su gobierno respetará la estabilidad democrática y las reglas del sistema.

El nuevo escenario político se da en un contexto social complejo. Aunque la pobreza se redujo del 18 % en 2024 al 15,2 % en 2025, Costa Rica sigue figurando entre los países más desiguales de América Latina, según el índice Gini, y es el segundo más caro de la región, solo por detrás de Uruguay. Estos desafíos marcarán el inicio del mandato de una presidenta que promete cambios profundos en uno de los países históricamente más estables de Centroamérica.

Redacción LPT

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