OPINIÓN ESTUDIANTILPORTADA

La migración en El Salvador desde una perspectiva de aceleración social

Nathalie Andrea Chavez Vasquez,Estudiante de tercer año de Sociología -UES-

Durante siglos, la migración en El Salvador siempre ha sido un fenómeno de investigación, y los salvadoreños que toman la decisión de arriesgar sus vidas en los peligros que enfrentan en las fronteras, están seguros de que, al llegar a su destino, podrán tener las riquezas del cielo, el banquete que no tienen en su país natal, y la vida que en sus tierras no tienen.

Esa es la esencia del llamado “sueño americano”.Sin embargo, analizando sociológicamente el pensar de este grupo de personas, desde una perspectiva en la que la sociedad “tardomoderna” -término utilizado para describir la evolución de la sociedad más allá de la sociedad moderna- se encuentra en aceleraciones y alineaciones, puesto que nuestras acciones, estructuras y patrones temporales influyen en la transformación de las dimensiones: material, social y espiritual.

Teniendo en cuenta lo anterior, Hartmut Rosa se cuestiona: “¿Qué es la buena vida y por qué no la tenemos?” ¿Acaso el salvadoreño está destinado a desear siempre una mejor vida y no obtenerla? ¿Debe migrar para así conseguirla? Y es que, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2018), los salvadoreños abandonan su país para buscar oportunidades que mejoren sus condiciones.

Sin embargo, el desarrollo y la calidad de vida a la que desean es multidimensional, asociando así la migración a múltiples causas, entre las que han destacado la pobreza y la violencia social.Primeramente, hay que tener en cuenta la relación que establece Rosa con respecto a la aceleración y la alineación junto a una buena vida: “La aceleración social conduce a formas de alienación social graves y empíricamente observables, que pueden ser consideradas como el obstáculo principal de la realización del concepto de una buena vida en la sociedad tardo-moderna”.

Evidentemente, no es noticia nueva reconocer que El Salvador es un país de tercer mundo y, por lo mismo, existe una desaceleración social y tecnológica desde este punto, pero concentrémonos en sus habitantes, justamente en el dato brindado por el portal de transparencia (2013) donde aproximadamente un tercio de la población salvadoreña vive fuera del país, y que el 93.5 % reside en los Estados Unidos de América.Por otro lado, según el informe de USAID (2024) sobre “El Salvador: cifras oficiales de Retornos”, se presenta el dato de que, tan sólo en enero, se había registrado que el 72.1% de los migrantes salvadoreños adultos habían emigrado por condiciones económicas y siempre por este mismo motivo, el 66.7% de niños y adolescentes también decidieron migrar.

Ese dato contrasta con las causales de los años anteriores en los que, la principal causa, era la violencia social. Si bien los salvadoreños observan y concluyen -a través de los diferentes medios de comunicación, que en comparación a su situación actual y la de los nativos estadounidenses, o a través de relatos escuchados de experiencias de amigos y/o familiares- que pueden encontrar una mejor vida fuera del país, la pregunta en el fondo es ¿a qué se debe ese deseo de querer más de lo que tienen?El hecho de comparar su situación con la de otros, le genera un sentimiento de que se “ha quedado atrás o estancado”, que por más que trabaje, o busque soluciones de salir adelante, sigue dando vueltas como un hámster en su rueda, esforzándose de más y sin llegar a nada, generando así una aceleración social de manera consciente o inconscientemente.

En términos simbólicos, esa aceleración es, al final, una motivación cultural universal que refleja el desarrollo social a través de las necesidades, debido a que, toda necesidad, tiene un carácter social.Entonces, ¿cuál es la solución que se plantea el salvadoreño? Pues bien, es la aplicación de múltiples tareas laborales para poder ganar más y adquirir lo que desea, a lo que Hartmut Rosa llamaría “comprimir las acciones y experiencias”, es decir, realizar diversas actividades al mismo tiempo en menos tiempo, creando en su vida vivencias y no experiencias que le permitan disfrutar o emocionarse por la vida, como la obtención de dos empleos al mismo tiempo, o el estudiar mientras se trabaja, con el propósito de obtener la calidad de vida que espera, generándole frustración, estrés o depresión cuando eso no sucede.

En ese sentido, ya que en medio de esa aceleración se encuentra el desempleo a largo plazo -el sistema económico actuando bajo su propia lógica de ganancias- los individuos experimentan la “desaceleración extrema”.

De igual forma, la sensación de aceleración que observa del mundo que lo rodea, es lo que ocasiona su transformación en la percepción y organización del espacio y el tiempo de la vida, lo que, al ser no sola una persona con esta mentalidad, genera que las oportunidades laborales en el país, no sean lo suficiente para los millones de personas que buscan empleo.

A esta situación podemos denominarla como “reducción de velocidad como consecuencia no intencional de los procesos de aceleración y dinamización”.

Son estas razones el trasfondo sociológico que explica el por qué las personas buscan otras oportunidades saliendo del espacio social donde no logró obtenerlas, generando cada vez más un crecimiento en la tasa de migración (a excepción de la época de pandemia, donde el fenómeno fue un retorno migratorio).

LPT Redacción

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