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Pandilleros que obligaron a familia a abandonar su hogar recibirán 12 años de prisión

Tribunal impone condena a miembros de la 18 por limitación ilegal a la libertad de circulación; enfrentan además proceso por agrupaciones ilícitas; se compara con otro caso reciente de fuerte pena en Santa Ana.

La justicia salvadoreña impuso una pena de 12 años de prisión a Wendi Gómez y Jonathan Piche, miembros de la pandilla 18, tras comprobarse que en 2022 amenazaron de muerte a una familia para que abandonara su casa en Ciudad Delgado, San Salvador Centro. La condena se dictó por el delito de limitación ilegal a la libertad de circulación, de acuerdo con el relato divulgado por medios locales a partir de información de la Fiscalía General de la República (FGR).

El caso se remonta a cuando los imputados arribaron al domicilio de la víctima y le exigieron que se retirara del lugar bajo amenaza de quitarle la vida. Temiendo por su integridad, la familia abandonó la vivienda y procedió a denunciar los hechos, lo que permitió a las autoridades iniciar el proceso judicial que culminó en la sentencia.

Además de la condena principal, la FGR indicó que los dos pandilleros mantienen un proceso adicional por agrupaciones ilícitas, lo que podría traducirse en años de cárcel adicionales en el futuro. Este detalle refuerza el mensaje de que la sentencia forma parte de una estrategia de acción contra integrantes de estructuras criminales que afectan la seguridad ciudadana.

Un medio informativo independiente señaló que, en el mismo contexto, se había reportado otro procedimiento —también relacionado con amenazas y desplazamiento forzado— que sumaba a la narrativa de mano dura contra grupos delictivos. La versión recogida describe los mismos hechos: amenazas a la víctima para que abandonara su casa en Ciudad Delgado, seguida de denuncia y condena, confirmando la consistencia de los reportes sobre la conducta delictiva de los sentenciados.

En paralelo, se recuerda otro episodio de alta condena en la zona occidental del país. Un tribunal de Santa Ana impuso 24 años de cárcel a un miembro activo de la pandilla 18, identificado como Luis Armando Salinas Rojas, por hechos que incluyeron extorsión agravada en modalidad continuada y limitación ilegal a la libertad de circulación, ocurridos en el caserío El Pital, cantón La Magdalena, en el distrito de Chalchuapa. En ese caso, según el relato, los delincuentes interceptaron a su víctima, exigieron una suma de dinero y la amenazaron con matarlo o desaparecer a un familiar; tras no obtener el pago, el afectado huyó y, posteriormente, presentó la denuncia ante la Fiscalía. La sentencia asignó 20 años por extorsión agravada y cuatro años por limitación ilegal, totalizando 24 años.

Este antecedente sirve como indicador de la postura judicial en casos de violencia y coerción ligados a pandillas en la región, donde el peso de las penas tiende a profundizarse cuando se constata el daño psicológico y material sobre las víctimas y sus familias.

Los casos señalan varias líneas de lectura de interés público. Primero, resaltan la importancia de que las víctimas denuncien con prontitud; en ambos escenarios, la denuncia fue clave para activar la respuesta institucional. Segundo, muestran la continuidad de procesos judiciales que buscan desarticular y sancionar a estructuras que emplean terror y desplazamiento forzado para controlar territorios y recursos. Finalmente, reflejan un esfuerzo conjunto entre la Fiscalía, el sistema judicial y otros organismos para no solo castigar, sino también disuadir futuros actos delictivos similares.

Aunque las penas son significativas, los tribunales enfrentan el desafío permanente de traducir las condenas en mayor percepción de seguridad para las comunidades afectadas. La comparecencia de casos en distintos puntos del país, con autoridades actuando y aplicando normativas severas, intenta enviar un mensaje claro: la limitación de la libertad, la extorsión y las amenazas tienen consecuencias legales graves y duraderas, y la justicia está dispuesta a perseguirlas incluso cuando ocurren en zonas donde el miedo pudiera favorecer el silencio.

En definitiva, el fallo contra Gómez y Piche no solo representa justicia para una familia desplazada en Ciudad Delgado; se inscribe en un contexto más amplio de persecución penal a conductas terroristas y extorsivas, donde la protección de los derechos de circulación y el control territorial se reivindican como pilares para garantizar la convivencia y el orden en comunidades vulnerables.

Redacción LPT

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