OPINIÓNPOLÍTICAPORTADA

Nayib Bukele, la hora de la lechuza

David Hernández. Escritor, PHD por universidades de Hannover y Berlín, Alemania

La embestida mediática de sectores retrógrados, antidemocráticos y ellos mismos violadores de los derechos humanos al defender a los criminales pandilleros y a los políticos corruptos, ha escalado algunos peldaños, conforme avanza el fortalecimiento del Presidente Nayib Bukele, cimentado por el respaldo de más del 90 % de la población salvadoreña y al creciente apoyo internacional por la mayoría de los nuevos mandatarios de Latinoamérica y del mismo Presidente de Estados Unidos Donald Trump. Bukele es, hoy por hoy, el líder más popular en Latinoamérica y el de mayor simpatía.

La histeria de los detractores del joven Presidente alcanza cotas de ficción, al grado que muchos de sus adversarios, como los dizque “periodistas incómodos” – chicas y chicos fresa del periodismo amarillista -, juran y perjuran a los cuatro vientos un día sí y otro también que Nayib Bukele es el hombre de sus sueños, pesadillas y desvelos, en una fijación sicológica que raya en la esquizofrenia y la paranoia.

La putrefacta clase política salvadoreña (desde la ultraderecha hasta la ultraizquierda), desplazada y aniquilada por el carisma de Bukele, ha sentado sus reales en el exilio dorado de México, Costa Rica, España y otros santuarios para vividores y vagos, y se dedica las veinticinco horas del día a destilar veneno y atacar por todos los medios al Presidente. 

De igual forma los tan cacareados defensores de los derechos humanos no se cansan de acusar de todos los males habidos y por haber al régimen de excepción y al encarcelamiento de funcionarios y funcionarias corruptos. Como Eugenio Chicas, acusado de enriquecimiento ilícito y peculado por más de 200 mil dólares o Ruth López, acusada de enriquecimiento ilícito, una multi o superfuncionaria en los gobiernos del FMLN que cobraba a manos llenas como asesora del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), del Tribunal Supremo Electoral (TSE), y luego Jefa de la Unidad Anticorrupción y Justicia de Cristosal, por defender “los derechos humanos” de criminales y mareros que durante los treinta años de ARENA y el FMLN masacraron, violaron, descuartizaron, robaron, secuestraron, extorsionaron y asesinaron al pueblo salvadoreño.

Nadie en sus cinco sentidos y con el más mínimo nivel de racionalidad y sentido de la justicia, cree las absurdas e increíbles acusaciones de crímenes de lesa humanidad contra el Presidente.  Estos jurisprudentes de pacotilla y sus pícaros secuaces internacionales han oído esa palabrita y la manipulan como estribillo, pero no saben el verdadero sentido trágico que encierra. Para ello deberían de estudiar genocidios como el de los armenios por los turcos entre 1915 y 1923, con más de un millón de asesinatos, el holodomor, matar de hambre en ucraniano, provocada por Stalin entre 1933 y 1934, con más de 5 millones de víctimas, el holocausto de 6 millones de judíos asesinados en Alemania. Estos sí son crímenes de lesa humanidad. Las acusaciones de los analfabetos juristas opositores a Bukele en los organismos internacionales provocan risa, son patéticos e indignos de tomar en cuenta. Eso sí, les reditúan créditos malhabidos de infamia y difamación para medrar sus tristes, demagógicas y estafadoras vidas.

Por ello no son raros los libelos televisivos de Telemundo y de Univisión contra el actual gobierno y el pueblo salvadoreño. Ni las diatribas llenas de odio y ensañamiento contra Bukele por parte de esperpentos como “La País” de España, que solo reflejan la frustración de sus columnistas.

Mas bien, son el eco del afianzamiento y la consolidación del actual gobernante, apoyado por el clamor popular que no quiere bajo ninguna circunstancia regresar a un pasado de políticos corruptos, periodistas difamadores, maras, criminales y activistas sanguijuelas que viven del negocio del dolor popular.

Hay un ave nocturna en El Salvador, la lechuza, a’ak ab ch’iich en lengua maya, se cree es de mal agüero o tomojchi, cuyo canto presagia la muerte o aciagos eventos. En el actual debate propiciado por una ciega y torpe oposición a Bukele, estos cantos de lechuza toman forma en las voces de un mediocre antropólogo del pasquín digital El Faro que después de convivir con las pandillas declaró que cumplen un rol necesario en El Salvador, o las sandeces dichas por una ex inspectora de la PNC durante el gobierno del FMLN que dijo que las pandillas «no pueden ser eliminadas porque cumplen una función social necesaria y llenan un hueco en el país».

Son cantos de cisne. El mismo trinar onomatopéyico de la lechuza sirve para callarlos, como en la canción infantil para niños, locos, idiotas, borrachos, políticos corruptos y periodistas fresa: «La lechuza, la lechuza, hace shh, hace shh. Todos calladitos como la lechuza que hace shh, que hace shh».

Estos autollamados genios de la dialéctica y profetas de la destrucción del presidente Bukele sueñan con el próximo noviembre y el triunfo demócrata en las elecciones de segundo término en Estados Unidos. Se aferran a ello como una última esperanza. Nada más lejos del mundo real de la alta política. Hay que recordarles, ahora y dentro de tres o cinco meses o años, que tanto republicanos como demócratas seguirán apoyando a Bukele y su gobierno no por simpatía, sino por pragmatismo. Un senado, una cámara de representantes o un gobierno demócrata en Estados Unidos no se puede permitir el lujo de prescindir del liderazgo de nuevo tipo que representa Nayib Bukele en la nueva cartografía política de Latinoamérica y el mundo. Este es el asunto que bien harían en comprender. Son las nuevas reglas del juego y los nuevos liderazgos que emergen. Lo han entendido los políticos norteamericanos. Y no solo ellos, al parecer China y Rusia, otrosí.

Redacción LPT

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