México inaugura el mayor Mundial de la historia entre el fervor futbolístico y masivas protestas sociales
El histórico estadio Azteca vuelve a ser el epicentro del balompié mundial en una edición de 48 selecciones, en medio de estrictos operativos militares y reclamos magisteriales.

La mítica cancha del estadio Azteca se convirtió nuevamente en el epicentro del planeta fútbol al albergar el partido inaugural de la Copa del Mundo 2026 entre las selecciones de México y Sudáfrica, marcando el inicio del torneo más grande de la historia con 48 selecciones y 104 encuentros. Este evento sin precedentes, coorganizado por primera vez entre tres naciones que incluyen a Estados Unidos y Canadá, vio abarrotadas sus graderías por miles de aficionados que llegaron con hasta seis horas de anticipación para evadir los severos bloqueos viales. La majestuosa «catedral del fútbol» lució blindada por un riguroso e imponente despliegue de centenares de militares y policías tácticos, quienes custodiaron los accesos principales para garantizar el orden.
El magno evento deportivo estuvo precedido por una brillante y colorida ceremonia de apertura que fusionó la elegancia de la ópera con la energía de la música contemporánea, contando con la participación estelar del tenor italiano Andrea Bocelli interpretando el himno oficial titulado «DNA». Asimismo, la estrella colombiana Shakira volvió a encender las emociones mundialistas al estrenar a nivel global el tema «Dai Dai» en colaboración con el nigeriano Burna Boy. Sin embargo, este ambiente festivo contrasta con la percepción de la población local, ya que encuestas recientes revelan que solo el 35% de los mexicanos confía en el desempeño de su escuadra tricolor, sintiéndose una atmósfera notablemente más apagada en comparación con las históricas ediciones de 1970 y 1986.
Por otra parte, el arranque de la competición oficial se desarrolla en un contexto social sumamente complejo y polarizado, marcado por masivas protestas de sindicatos de profesores de primaria y secundaria que exigen mejoras salariales y de jubilación tras rechazar las propuestas del Gobierno Central. A estas demandas se sumaron colectivos de familiares de personas desaparecidas, quienes marcharon con pancartas que exigían un «Boicot al Mundial» para visibilizar sus causas ante las cámaras internacionales. Los huelguistas denunciaron públicamente que el campeonato funciona únicamente como una costosa distracción política y económica que beneficia de forma exclusiva a la FIFA y a las administraciones gubernamentales organizadoras.
Ante este panorama de agitación civil en la megaurbe mexicana, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, tomó la determinación de no asistir físicamente a los palcos presidenciales del estadio Azteca tras calificar las manifestaciones radicales como una provocación que busca proyectar imágenes de represión estatal. La mandataria izquierdista optó por regalar su boleto oficial de inauguración a una niña futbolista de la localidad y reiteró en su conferencia de prensa matutina que no caería en confrontaciones. Sheinbaum anunció que seguirá el desarrollo de los partidos de la selección junto al pueblo salvaguardando el orden mediante pantallas gigantes instaladas en la emblemática plaza del Zócalo capitalino.







