La teoría de la causalidad acumulada

Gracia María López Anzora
Estudiante de Segundo año de Sociología -UES-
En el artículo “Nodos Sociológicos para explicar la migración”, se plantea la teoría de la causalidad acumulada, en la que se afirma que, con el tiempo, la migración tiende a mantenerse así misma, dando lugar a movimientos de población adicionales, alterando el contexto social dentro del cual se toman decisiones de las migraciones posteriores. Cuando las diversas redes que existen en la comunidad y en la región de origen, se interconectan, llegan a su madurez y la migración tiende a auto-perpetuarse, porque cada acto migratorio crea la estructura social necesaria para sostenerlo. Cada nuevo migrante, como en el caso salvadoreño, reduce los costos y riesgos de las migraciones posteriores de parientes, amigos y paisanos. Y es que, con el tiempo, el comportamiento migratorio se extiende para abarcar segmentos cada vez más amplios.
En ese sentido, la causalidad acumulada desencadena un flujo de personas cada vez mayor que quieren migrar, y eso sucede porque entre las mismas personas se va heredando una red de apoyo, o sea que si un miembro de la familia se fue, ilegalmente, bajo riesgos y peligros, y aun así logró cruzar la frontera y llegar al país de destino, este individuo, ya estando bien establecido, lucha por traer de forma más segura a los demás miembros de su familia, y de esa forma se va creando una red donde se hace cada vez más fácil y menos arriesgado que otros migren.
Cuando estás redes se expanden dentro de una comunidad, o dentro del lugar de origen de las personas, la migración se vuelva más común, ya que la inquietud o la ayuda económica de parte de los migrantes, no llega sólo a las familias, sino también a los amigos o vecinos. Cada nuevo migrante hace que más personas quieran migrar, por esa inquietud que genera el tener mejores oportunidades, o simplemente probar suerte al ver que a otros les va bien. Por otra parte, reducir riesgos y costos asociados a la ayuda de las redes sociales, es un factor migratorio. En El Salvador, según datos del Ministerio de Economía, la migración impacta en el desarrollo humano: el 15% de los hogares tiene al menos un miembro en el exterior, y 3 de cada 10 salvadoreños, nacen en Estados Unidos, cifra que ha ido aumentando con el tiempo.
Un aspecto relacionado a lo anterior, es el de que la migración, por su magnitud, ha generado una relación de dependencia económica. Esa dependencia se da cuando las remesas llegan a ser una fuente única o suplementaria de los ingresos de las familias de los migrantes. En esa línea, la migración genera más migración debido a las necesidades acumuladas y renovadas de las familias que, por captar más ingresos vía remesas, necesitan otros enseres, lo cual se traduce en nuevas necesidades de consumo que han sido creadas por las expectativas de vida, y también por la permanecía de las variables que condicionan la migración. Por ello, la migración se auto-perpetua, nutriéndose de las condiciones estructurales de la expulsión y de las percepciones ideológicas que ella misma genera. Los sectores populares, no sólo buscan sobrevivir, sino también alcanzar niveles de bienestar más altos, insertandose en el mercado de trabajo norteamericano.
Se puede afirmar que las personas se van acomodando en una doble vía: los migrantes a la cultura del país de destino, y sus familiares en el país de origen a depender de las remesas que les envían. Ese acomodamiento mutuo impacta positivamente en la calidad de vida de las personas que reciben remesas, razón por la cual va aumentando el deseo -el imaginario en acción- de tener un nivel de vida cada vez mejor, y esto desencadena un constante crecimiento de los ingresos de quienes se quedan en el país, ya que al salario que devengan le suman las remesas, con lo cual se da un fenómeno de aumento artificial del consumo en el sentido de que dicho consumo bajaría drásticamente si dejara de recibir remesas. Como resultado de esa incertidumbre (esa condición artificial del consumo), las ganas de migrar se incrementan.
En el caso del El Salvador, los flujos de las remesas que envían los migrantes benefician a más del 20% de los hogares en el país, complementando el ingreso primario obtenido a través del trabajo y permitiendo elevar su poder adquisitivo. Ahora bien, las remesas tienen sus desventajas, y la principal de ellas es que ha generado una condición de “desgano” en el trabajo agrícola y en los deseos de superarse mediante el estudio, ya que los hijos de los migrantes no tienen como aspiración seguir estudiando -o cultivar la tierra-, sino migrar lo antes posible. En otro aspecto, las remesas -al fomentar la dependencia entre los emisores y receptores- elevan la presión sobre los emisores, lo cual es una situación que puede llegar a ser estresante.
A manera de ejemplo, en el artículo “los nodos sociológicos de la migración”, se presenta el incremento de los vínculos entre México y los Estados Unidos, y como éste ha desencadenado un intenso momentum que ha permitido la permanencia y el crecimiento de los flujos migratorios atraves del tiempo. Los economistas denominaron a esto: “la dependencia financiera”, y los sociólogos: causa acumulada o auto-sostenimiento del fenómeno migratorio. Los procesos que sustentan son la auto acumulación del capital humano de los migrantes y la acumulación del capital social en las redes migratorias. En estos procesos, es importante el stock de conocimientos que posee el migrante y que ha acumulado atraves de información específica, de lo estrecho de los vínculos y de la cantidad de familiares que tenga en Estados Unidos, hecho que condiciona las probabilidades de migración en el transcurso de su vida.
En el caso de El Salvador y los Estados Unidos, es evidente la existencia de vínculos en los temas de migración y otros que se derivan de ello. Y es que para los salvadoreños el principal destino migratorio es Estados Unidos: un 88.2% de las emigrantes en 2020, iba rumbo a la gran nación del norte. En 2021, se estimaba que 1.4 millones de personas nacidas en El Salvador vivían en Estados Unidos.
En términos concretos, los migrantes son capital humano que acumula capital social, ya que todo lo que aprenden en el proceso de migración (conocimientos y experiencias) les sirve a los futuros migrantes. Por esa razón son capital social que se estructura al llegar a los Estados Unidos bajo la forma de apoyo a los otros migrantes (familiares o amigos), ayudándolos con vivienda y comida. Cuantos más lazos se tengan en el país, más existe la probabilidad de que decidan migrar. En resumen, la causa de la migración no solamente son los factores económicos, sino también las facilidades que dan esas redes de apoyo que hacen que generen las ganas de migrar, ya que las redes hacen más interesante, y llamativo, querer migrar.
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