La sociedad del miedo

Duglas Leonardo Caballero Vásquez
Estudiante de Sociología -UES-
El miedo, es una reacción instintiva del ser humano, un impulso de conservación de uno mismo, una acción protectora de nuestro inconsciente para mantenernos a salvo de lo que consideramos peligroso. Es por eso que cuando el miedo se vuelve una reacción cotidiana, es algo que es para tomar en cuenta. El miedo colectivo, es una experiencia social que surge cuando una comunidad entera comparte una sensación de amenaza constante, ya sea por experiencias directas, relatos de individuos o memorias transmitidas por la sociedad. A diferencia del miedo individual que responde a un peligro inmediato, el miedo colectivo puede permanecer aun cuando la amenaza no está presente, y se instala en la conciencia y memoria social, afectando el comportamiento de las personas afectadas bajo este miedo.
Es en este sentido que el miedo colectivo puede entenderse como una memoria viva del peligro, ya que durante los años de mayor presencia territorial de las pandillas, éstas acechaban y cometían crímenes que quedaban en la memoria de comunidades y familias afectadas de diversas formas, personas extorsionadas, negocios frustrados o en el peor de los casos, familias en luto debido a la muerte violenta de uno de sus miembros. Es en este punto que el temor no sólo surgía desde los encuentros casuales con los miembros de estas estructuras criminales, sino también de la existencia de códigos sociales, normas no escritas que dictaban el orden en una zona controlada por las pandillas, calles que no podían cruzarse, palabras que no podían mencionarse, horas prohibidas, o temas de los que nadie podía cuestionar.
Es en este ambiente donde “El miedo se transformó en un guardia invisible de las normas sociales en los sectores afectados por el flagelo de las pandillas”, un guardia que aunque no era físico o inmediato, causaba temor a las personas, por el mero hecho de saber que infringir las normas, traería consigo un castigo ejemplificante, como la muerte. Esta idea está directamente relacionada con la “subcultura de las sombras” mencionada en la investigación social que realizamos para la cátedra de Antropología Social, y es la viva imagen de cómo la huella de esta sombra quedó plasmada en la consciencia colectiva hasta el día de hoy.
Uno de los mayores triunfos de las pandillas fue, sin duda, el hecho que el miedo continuara gobernando aún sin sus miembros presentes, es un hecho que se vive en la actualidad salvadoreña, ya que las personas, aún a años de la época más violenta del país, sigue pensando en el posible regreso de los pandilleros, o en cómo las personas obedecían reglas no escritas impuestas por estos grupos delincuenciales durante treinta años. Uno de esos miedos internalizados estaba relacionado con la vestimenta, los distintivos como tatuajes o grafitis, o ciertos comportamientos, los cuales tienen un rechazo muy marcado en la sociedad salvadoreña. Sin embargo, incluso en menor medida, existe el temor a cruzar las antiguas fronteras marcadas por las pandillas rivales.
Un punto muy importante a tomar en cuenta es entender que el miedo no siempre surge desde la experiencia directa, pues muchas personas no fueron víctimas directas, pero aprendieron a tener miedo desde las experiencias de otros, heredando este temor que todos compartían por los pandilleros, temor respaldado por los hechos de violencia que caracterizaban a estos grupos delincuenciales, los cuales la población ve con un profundo miedo y precaución. Podemos argumentar, entonces, que el miedo se convirtió en un elemento de la cultura cotidiana. No significa necesariamente que los salvadoreños aceptaran la violencia, sino más bien, tuvieron que desarrollar formas de adaptación colectiva en un entorno donde la incertidumbre era permanente y el apoyo de las instituciones y el Estado prácticamente nulo.
La sociedad del miedo que coincidió con el bipartidismo de facto se caracterizó porque el temor dejó de ser un sentimiento excepcional e individual, y pasó a convertirse en una manera de interpretar el mundo social. La coartada de que la delincuencia no se podía resolver fue claramente derrotada a partir de 2020.







