OPINIÓNPORTADA

La resurrección de la Semana Santa

René Martínez Pineda

Sociólogo, UES-ULS

Hace un año: el viernes santo de las víctimas en la unidad de cuidados intensivos de la miseria heredada por los corruptos; el viernes santo de los muertos que el sábado de gloria serían asesinados de nuevo y no alcanzarían a llegar al domingo de resurrección. Todo lo que rodeaba al pueblo, sacrificado en el matadero de la delincuencia con ombligo político, era la traición conmemorada en semana santa, y la agonía del martes de pascua se repetía en las casas de los que vivían en ascuas imaginando nuevas constelaciones con los lunares de un cuerpo desnudo.

Hace un año: la semana santa era el ritual de la sangre inocente porque vivíamos en el redundante ritual de los muertos a manos de la delincuencia; las matracas de las monedas de cobre que hace dos mil años vendieron a Jesús, son similares a las de las que, en miles de millones, fueron a dar a manos de los corruptos. Hace un año: la agonía del viernes santo era igual a la de quienes, todas las noches, oyen los ladridos rabiosos de las boletas de empeño. Hoy, en el tejado con violinista pelean a muerte los zopes contra el cenzontle… hoy, el sábado de gloria del pueblo al que le robaron sus glorias, historias y memorias se llena con la gloria de vivir. Hace un año: el domingo de ramos era una alegoría de las devotas que dejaban su vientre en el cementerio y deambulaban por la calle de La Amargura sin ramo de flores el día de la madre, y el lunes santo era de los santos próceres de la santa criminalidad legalizada por los Caínes de la política.  

Hoy: el dulce incienso de la eucaristía popular repicando las campanas de la iglesia que fue recuperada para que muestre su esplendor sin calvario. Hace un año: el jueves de la última cena de los que vivían empachados de pan y café en los funerales; el viernes del santo entierro de los que vivían enterrados bajo una montaña de recibos vencidos y esquelas mortuorias. Hace un año: el domingo de resurrección del pueblo en luto desde que el rojo fue sodomizado por el verde de los dólares; el lunes de cuaresma de los tristes más alegres del mundo que, con pactos perversos, fueron condenados a vagar en el silencio de la procesión del silencio; el domingo de resurrección no resucitaba a nadie porque la delincuencia mandaba. Hace un año: la cuaresma de los olvidados que no tenían a la mano ninguna catedral que los liberara de la hiel de la agonía.

Hace un año: carnes magras jalándose del pelo; huesos de cristal en perpetuo choque; el miércoles sin dios para los asesinados consuetudinarios; los perros jiotosos ladraban por las calles olorosas a extorsiones y los Pilatos del crimen se lavaban las manos en la pila bautismal de la impunidad; el jueves ecuménico de quienes tenían que meter el universo en un cartón hediondo a orines; y el viernes de Epifanía no tenía rostro humano porque el pueblo no tenía derecho a ser feliz al salir de misa.

Hace dos años, o hace treinta: la hiedra roja contoneaba su lengua lujuriosa por el verde pubis de la impunidad del Caifás legislativo que vivía de la inseguridad; el lunes ecuménico de quienes le tenían miedo a las calles con alfombras alusivas a no denunciar el pecado de la maldad; el martes de cenizas con las cenizas de los muertos del pueblo. Después de un año de control territorial que nos ha convertido en una honrosa excepción: el miércoles de gloria del pueblo sin penitencias; el domingo de resurrección de los ofendidos que tomaron su turno en la conmemoración religiosa para reivindicar la vida.

LPT Redacción

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