OPINIÓN

La clave está en que el discurso toque el corazón de los oyentes

Por: Rafael Granados Granados

Escribir un discurso siempre será emocionante, pero al mismo tiempo muy delicado, ya que no se trata solo de pronunciar unas palabras o cumplir con un punto de agenda en el evento desarrollado.

Pronunciar un discurso va mucho más allá, se trata de tocar con tus palabras el corazón de los oyentes, hacerlos vibrar de emoción, llenarlos de esperanza y motivarlos para que se sumen al proyecto que se está representando.

Las palabras tienen un poder incomparable y el que escribe el discurso, como el que pronunciará ese discurso, debe estar consciente del poder y la responsabilidad que tendrá, al momento de pronunciar cada letra y cada palabra.

El éxito de un discurso o de un orador, no está en los minutos que tarde, tampoco en la elocuencia con el que lo pronuncia (aunque esto cuenta, no es todo), mucho menos en la cantidad de personas que lo escuchan; el éxito de un discurso radica en tocar el corazón de cada oyente.

Precisamente por eso, el autor estadounidense, George Burns, refiriéndose al discurso manifestó lo siguiente: “El secreto de un buen discurso es tener un buen comienzo y un buen final y luego tratar de que ambos estén lo más cerca posible”.

Conectar con cada oyente a través de la palabra, lo cual implica, conocer previamente a nuestro público, pensar como ellos y sentir como ellos. El éxito de cada discurso es hacer que nuestros oyentes hagan lo que queremos que hagan, piensen como queremos que piensen, y actúen como queremos que actúen no por obligación, sino por inspiración.

A lo largo de la historia, hemos visto diferentes oradores, y escuchado una infinidad de discursos. No entraremos en detalles sobre sí aplaudimos o rechazamos el mensaje que se impartió; nos enfocaremos en destacar la elocuencia y liderazgo de esos oradores, que en su momento hicieron vibrar a miles de corazones.

Entre ellos podemos mencionar a: Martín Luther King, con su mensaje “tengo un sueño”; Nelson Mandela, con el mensaje de paz para todos los sudafricanos; Barack Obama, con su discurso de campaña sobre: “Sí, podemos”; Fidel Castro, con su famoso discurso en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1979 y por último, pero no menos importante, el discurso de Malala, la joven de Pakistán que abogó por el derecho de las niñas a la educación.

Redacción LPT

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