
Por: Medardo Alfaro
El inicio es un Déjà vu; se repite, se repite y se repite… Pero esas cascadas de repeticiones en personas, en familias, en generaciones, en países, en el mundo, aunque se repitan, son únicas. Son esos “si no” de la vida.
Comienzo así porque, después de tantos años que uno vive sin darse cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, estoy tratando de recordar la primera vez que te vi. En este momento, casi no lo recuerdo; lo que sí sé es que no estaba preparado: Tenía 19 años, no creo que tuviera construidos mis propios sueños, estabas ahí y partir de que viví desde niño en un entorno responsable, había que ser responsable, tocaba a serlo.
Y así empezaste a crecer traté de estar siempre en todo, en llevarte al médico cuando te enfermabas, en asistir a tus eventos de la escuela, en especial la primaria cuando podía, en presumirte porque eras tan lindo como niño, esa parte es muy bonita, creo que todos la vivimos y la disfrutamos, hasta ahí, no sabía, o si lo sabía, no le había puesto la mayor atención, que mi enfermedad visual, que era un defecto se heredaba, la heredaste obviamente creo que me di cuenta, pero por mi edad no le di mayor importancia.
Recuerdo la vez que te vi en una foto, en un concurso de oratoria, en la escuela, y también recuerdo que en un video casero dijiste que querías ser Doctor “Niño Doctor”.
La vida nos fue llevando, creciste, terminaste tu noveno grado, terminaste tu Bachillerato, luego estudiaste en la Universidad tu formación como médico, lograste tus pasantías en el extranjero y en todo eso creo que puse mi mayor empeño para estar, estar y resolver, costara lo que costara; te graduaste y luego tu primer empleo, habría que estar, estar y resolver y siempre lo intente.
Hoy en el marco del día del médico quiero felicitarte, sigues en crecimiento, de a poco, pero va muy bien, esa reciente capacitación y formación en China, te ayudará mucho, antes obtuviste un nuevo logro, ese ya es mérito propio, es tuyo, a mí me bastaba con el doctorado, pero tú decidiste especializarte más y te graduaste en tu maestría como epidemiólogo, así que quiero felicitarte.
Hasta aquí hemos llegado, lo hemos hecho muy bien, yo cada día me voy volviendo senil de acuerdo a mi edad. Tú aún tienes un mundo por delante, pero es muy probable que esto suene simple ya, más no lo es, es liso sí, pero no es ficción, no es creación, es lo que pienso.
Han pasado tres décadas, ya, desde que inicie la tarea contigo, lo que viene ya es tu cosecha, quiero terminar con un verso trivial de Joan Manuel Serrat: “Bienaventurados los que alcanzan la cima porque será cuesta abajo el resto del camino”. Serrat es parte de las influencias que adquirí en la mocedad, lo más importante es lo que tú crees.
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