OPINIÓN

El Trabajo Social como encuentro entre la ciudadanía y los derechos sociales

Hilda Melany Erazo

Coordinadora Licenciatura en Trabajo Social, Universidad Luterana Salvadoreña, ULS

Cada inicio de Ciclo en la Universidad Luterana Salvadoreña -ULS- supone iniciar un proceso de reflexión sobre sus valores y, en ese marco, reflexionar sobre el papel a jugar por el trabajo social en la construcción de un mejor país, cualquiera sea la definición que sobre ello se entienda. En ese sentido, el trabajo social es una práctica de encuentro entre la y el trabajador social y su comunidad, tanto la de su entorno vecinal como la que engloba a todo el territorio nacional bajo la forma de políticas sociales (o políticas de bienestar social) que busquen, como lo plantea la Misión de la ULS, favorecer a los sectores marginados.

Y es que pocas disciplinas conocen de forma tan real y presencial el impacto de las políticas del bienestar social -en su encuentro de necesidades y recursos- como el trabajo social. Para lograr organizar esa práctica de encuentro, en la ULS se llevan a cabo investigaciones de campo (investigaciones aplicadas) para contrastar la teoría con la realidad concreta, lo cual se acompaña con planes de actuación (familiar y comunitaria) que permiten que el trabajo social responda o socialice, desde la Academia y desde el territorio, las demandas explícitas e implícitas que los sectores más vulnerables de la sociedad no tienen la capacidad o no tienen los medios para externar, pero que están presentes ahí, junto a ellos, como una denuncia permanente de que sus derechos sociales básicos no están siendo respetados, y eso remite a la función política del trabajo social en tanto reveladora de las condiciones de las ciudadanías.

En el marco de una sociedad con múltiples carencias que, por estructurales, impiden arribar a lo que la ULS define como “desarrollo sostenible”, surge el debate sobre la viabilidad económica del país en función de una sociedad de bienestar en la que los trabajadores sociales sean estratégicos para fomentar e institucionalizar la acción social moderna en tanto bienestar colectivo.

No se puede negar que el bienestar social sólo tiene sentido (como concepto y como acción que emana de la imaginación desnuda de un nuevo país) cuando es la expresión de los derechos sociales de la ciudadanía como un cuerpo heterogéneo (las ciudadanías), sobre la base de transformaciones sociales que no corren el peligro de retroceder o decrecer, y es lo anterior lo que remite al trabajo social a considerar el problema de la sostenibilidad social y el de la administración pública competente como referente de la responsabilidad social de la empresa privada. En otras palabras, no se puede hablar de desarrollo social si no existe sostenibilidad que la sostenga en el tiempo, y es entonces que se habla de desarrollo humano integral.

La pregunta es: ¿En qué consiste ese “desarrollo humano integral” y cómo se vincula a las Políticas Sociales como instrumentos de intervención desde el trabajo social? En la ULS tratamos de darle respuesta a esa pregunta porque estamos seguros de que eso nos posicionara sobre el modelo de orden político–social que consideramos más adecuado para el momento histórico que estamos viviendo.

Siendo así, la respuesta siempre es de radical actualidad, en tanto supone volver a ver el marco de estudio y los medios necesarios y viables para darle vida a la sociedad de bienestar que incluye, tanto el Bienestar Social (en sentido material), como la Justicia Social (en sentido formal) y el Orden Social (en sentido legal) ante los retos de país que es decodificado por el trabajo social en su accionar cotidiano como dignidad colectiva profesionalizada. En esa dinámica tan latente en la ULS, la política social es la matriz del desarrollo integral y el trabajo social es el instrumento idóneo (o al menos uno de ellos, junto a la sociología) para impulsarla y consolidarla, con el objetivo-nación de superar las desigualdades sociales.

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