El Salvador inicia proceso para retirarse del Parlacen
La Asamblea Legislativa da el primer paso hacia una reforma constitucional que pondría fin a la participación del país en el Parlamento Centroamericano, un organismo cuestionado por su falta de eficacia vinculante.

El Salvador inició este jueves el proceso formal para abandonar el Parlamento Centroamericano (Parlacen), un foro político regional cuyas resoluciones no son vinculantes para los Estados miembros y que, en las últimas décadas, ha sido objeto de fuertes críticas por su ineficacia y falta de relevancia en la agenda regional.
La iniciativa fue presentada en la Asamblea Legislativa por el diputado Giovanny Zaldaña, del partido Nuevas Ideas, quien introdujo una propuesta de reforma a los artículos 80 y 133 de la Constitución de la República. “Buscamos separarnos del Parlamento Centroamericano, que ningún beneficio está generando para nuestro pueblo salvadoreño”, expresó el legislador.
El artículo 80 establece, entre otras disposiciones, la elección de diputados al Parlacen, mientras que el artículo 133 otorga a estos legisladores iniciativa de ley ante la Asamblea Legislativa. Ambas disposiciones serían modificadas para eliminar formalmente el vínculo del país con este organismo.
La moción contó con el respaldo de los grupos parlamentarios de Nuevas Ideas, PCN y PDC, lo que garantiza una amplia mayoría para avanzar con la reforma en esta legislatura. Una eventual ratificación deberá ser aprobada nuevamente por la siguiente legislatura, como lo exige la Constitución para reformas de esta naturaleza.
Actualmente, El Salvador cuenta con 20 diputados en el Parlacen, cuyos mandatos se extienden hasta octubre de 2025, mes en el que deberían asumir los representantes electos en 2024. Sin embargo, de concretarse la reforma, los nuevos legisladores ya no tomarían posesión, marcando así la salida efectiva del país del organismo regional.
Instalado oficialmente en 1991 con sede principal en Guatemala, el Parlacen fue concebido como una herramienta para fortalecer la integración centroamericana tras los Acuerdos de Esquipulas de 1986 y la firma de su Tratado Constitutivo en 1987. No obstante, con el paso del tiempo, ha sido duramente criticado por la opinión pública y diversos sectores por no tener capacidad vinculante y por convertirse en lo que muchos califican como un “cementerio político”.
La institución también mantiene subsedes en cada país miembro, y ha sido vista como un espacio al que son enviados expresidentes y políticos desechados por sus partidos, muchos de ellos señalados por corrupción, lavado de dinero y otros delitos graves. Para El Salvador, esta desvinculación representa no solo un cambio jurídico, sino una decisión política y simbólica: romper con las estructuras que, según el oficialismo, han servido más para proteger intereses particulares que para promover el desarrollo regional.
Con este paso, el Gobierno del Presidente Nayib Bukele reafirma su visión de modernización institucional y apuesta por estructuras internacionales útiles, eficaces y transparentes. La salida del Parlacen sería el primer caso de un país miembro que rompe formalmente con esta institución, marcando un precedente en la política regional centroamericana.
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