
Hilda Melany Erazo
Coordinadora Licenciatura en Trabajo Social, Universidad Luterana Salvadoreña, ULS
En la Universidad Luterana todos los días son “el día” para concretar el compromiso moral del Trabajo Social con los grupos vulnerables siendo un eje de la lucha cotidiana por una nación en la que los derechos sociales sean el estandarte de una dignidad estructural y pulcra.
Como ULS no podríamos verlo de otra forma, pues estamos conscientes de que el Trabajo Social surge -como actos solidarios dispersos y mudos- desde el inicio de la humanidad en tanto construcción social desigual: donde la angustia social brotaba, brotaba la mano solidaria que se convirtió en Trabajo Social.
Es a partir de la jurisprudencia de la segunda mitad del siglo XX -que, líricamente, habla de prestar servicios sociales institucionalmente- cuando se empieza a mapear y deletrear el territorio de la acción solidaria de nuestra profesión que, sin prestaciones, se sumergió en la atención de las necesidades del pueblo, respetando las complejas dinámicas de la comunidad, el barrio, zonas marginales, la ciudad, fortaleciendo nuestras manos con la proximidad tibia de las personas que llevan la pobreza como ropa nueva y para quienes las ansias de cambiar la realidad son el cordón umbilical único que los hace sentir dignos e importantes.
A diario -en las aulas de la ULS y en el trabajo de campo que nos entusiasma- sentimos ese compromiso y valor en medio de condiciones de vida lastimosas; palpamos las profundas arrugas de sus aprietos; sentimos el frío del desconsuelo en sus manos sin huellas digitales porque la pobreza los convierte en seres anónimos; y entonces abonamos sus sueños e ilusiones que hablan de transformar sus vidas y pintar sonrisas en sus niños.
En la ULS, el faro inagotable que guía al Trabajo Social es la justicia social, la defensa de los derechos humanos, el fomento del ciudadano integral, el empoderamiento de esos grupos para su visión de futuro. En los últimos años estamos trabajando, día y noche, para ser la referencia principal en la relación de apoyo a las comunidades; en la intervención sabia en el laberinto de las relaciones sociales y, para lograrlo, hemos afinado nuestra capacidad de percibir, escuchar, empatizar, observar, socializar y hablar con las personas para construir con ellas un sentido de vida alternativo y transformador, tanto del contexto como de la narrativa sumisa y apática, utilizando métodos y técnicas que tienen rostro humano y pies descalzos en las zonas vulnerables.
Producto de la pandemia, observamos un incremento significativo de la demanda de servicios sociales y, en ese contexto desfavorable, se hace ineludible la toma de posición de la profesión para honrar el papel transformador que el país nos delega de oficio. No es ambicioso afirmar que en la ULS tenemos la disposición y capacidad de ser agentes históricos de cambio promoviendo la innovación social, fortaleciendo la cultura política democrática e impulsando el bienestar social para que los ojos de lucha de nuestra gente vuelvan a brillar.
Quienes nos desarrollamos en el Trabajo Social sabemos que es nuestro deber revelar y acariciar la versión transformadora de las personas; y amar y armar la silueta drástica de nuestro pueblo amando nuestra profesión. La ULS es el mejor lugar para ello porque le caben todos los sueños.







