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El Castaño renace: comunidad de Caluco vive en paz tras años de violencia pandilleril

Habitantes recuerdan con alivio el fin del éxodo forzado de 2016 gracias al plan de seguridad del Gobierno; los niños ya no lloran al ver a la Policía, ahora los abrazan.

El cantón El Castaño, ubicado en el distrito de Caluco, Sonsonate, es hoy ejemplo del cambio profundo que ha vivido El Salvador en materia de seguridad. Después de haber sido escenario de un éxodo forzado en 2016 a causa del control territorial ejercido por la pandilla 18, sus habitantes aseguran que ahora disfrutan de tiempos de paz y tranquilidad gracias al plan de seguridad impulsado por el presidente Nayib Bukele.

“Ahora estamos viviendo en tiempos de paz en este lugar, un lugar bien tranquilo, un lugar en que se puede trabajar con tranquilidad”, afirma Santiago Flores, uno de los residentes que, como muchos otros, puede transitar por las calles de terracería del cantón sin temor, algo que hace años parecía imposible.

La comunidad fue duramente golpeada en septiembre de 2016, cuando la violencia pandilleril obligó a decenas de familias a huir. La amenaza se agravó tras el asesinato de Francisco Zepeda Barrientos, de 64 años, a manos de su sobrino Marvin Arnoldo Valencia, alias Chimbolo, cabecilla de la pandilla, por negarse a colaborar con los delincuentes. El hecho desató un éxodo que duró aproximadamente un mes.

Uno de los símbolos más claros del renacer del cantón es su escuela. En 2016, la matrícula de 108 alumnos se redujo a solo ocho. Hoy, 113 niños asisten diariamente al centro escolar. La maestra Dora Elena Rodríguez, con 17 años de servicio, relata que antes los niños lloraban al ver a la Policía, mientras que ahora los reciben con abrazos. “Se ve el cambio, se nota la diferencia”, enfatiza.

Rodríguez también recuerda las caminatas entre pandilleros armados y tatuados como parte de su rutina laboral. “Era un poquito complicado… a veces contábamos hasta 40 [pandilleros], y debíamos pasar en medio de ellos”.

El modelo de seguridad puesto en marcha desde 2019 ha transformado por completo la dinámica social en lugares como El Castaño. El temor ha sido reemplazado por confianza, y la vida en comunidad ha recuperado su ritmo natural. El silencio ya no es señal de miedo, sino de paz duradera.

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LPT Redacción

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