OPINIÓNPOLÍTICAPORTADA

Brasil: ¿la chispa adecuada?

René Martínez Pineda

Sociólogo y Escritor, UES-ULS

Brasil sufrió, el 8 de enero, una funesta jornada en la que cientos de simpatizantes del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro intentaron tomar el Congreso, el Supremo Tribunal y el Palacio Presidencial de Planalto, las sedes de los poderes del Estado. Ese asalto duró hora y media, pero sus implicaciones podrían durar meses (en América Latina) si Lula no toma medidas enérgicas. En términos sociológicos podemos señalar una serie de juicios en torno a lo sucedido, tales como:

1. La conspiración anunciada: un ensayo de Golpe de Estado

Sin duda se trató de una conspiración anunciada contra la democracia que buscó dar un Golpe de Estado -o al menos ensayarlo- con el respaldo de algunos sectores de las fuerzas militares, y se quiso dar antes de que se sentara bien el nuevo gobierno. Esa fue una conspiración anunciada porque no hubo ningún sigilo cuando los bolsonaristas llegaron a Brasilia a bordo de buses de alquiler, los mismos buses con los que se transportan votantes. Era obvio que iban por algo y que ese algo era grande. Ocuparon los tres poderes del Estado, incluida la oficina de Lula y, para dejar constancia de su militancia, dejaron un rastro de destrucción.

2. Los golpistas: una muchedumbre anunciada

La intentona de Golpe fue posible por la omisión de las instituciones de seguridad y, en estos casos, eso es sinónimo de complicidad. Según la prensa brasileña había claros indicios de que se estaba fraguando un asalto a la democracia, similar al que se dio en el Capitolio en 2021. Los bolsonaristas no crecieron por generación espontánea, salieron de una sentada frente al cuartel general del Ejército, lo cual es aún más sospechoso. Cualquier organismo de inteligencia -por depredado que fuera- se podría haber dado cuenta de que ese grupo de personas había llegado a Brasilia para sembrar el caos y gestar un golpe de Estado, y hasta el funcionario más inútil de esa rama le habría informado al presidente.

El papel de las Fuerzas Armadas es claro en la oscuridad de un complot. Hay un sector muy importante en ellas que simpatiza con “la causa Bolsonaro”. Este es un dato peligroso porque implica una reivindicación de la dictadura militar.

3. Debe haber una investigación de oficio: ¿quién puso el dinero?

En este contexto, el Gobierno de Lula debe investigar todo, no sólo a los golpistas materiales, sino a los que organizaron, financiaron y solaparon, dentro de los que suena el nombre de los hijos de Bolsonaro (aunque aún no hay pruebas), y el de José Monteiro, Ministro de Justicia con Lula, quien no atendió los mensajes de alerta sobre los movimientos de los bolsonaristas que asaltaron la sede de los tres poderes.

4. Lula quedó bien, pero sigue el peligro

Los analistas brasileños aseguran que Lula da Silva salió fortalecido, pero eso puede ser una interpretación incorrecta si el apoyo mayoritario que tiene en el país no se complementa con el control de las Fuerzas Armadas y la gracia en el Congreso.

5. Brasil ¿la chispa del continente?

La intentona golpista en Brasil trasciende sus fronteras y es motivo de preocupación en Argentina -pongamos por caso-, pues si el Frente de Todos, en una coalición renovada, gana las elecciones, no se descarta que la derecha más feroz en ese país intente algo similar, así como no se descarta que en los otros países se empiecen a gestar Golpes de Estado. La oposición política salvadoreña ya empezó -de nuevo- a hacer ese llamado y hay que ponerle atención a eso.

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LPT Redacción

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