OPINIÓNPORTADA

30 de noviembre: un día para recordar que podemos crear un nuevo país

Hilda Melany Erazo

Coordinadora Licenciatura en Trabajo Social, Universidad Luterana Salvadoreña, ULS

El 30 de noviembre, como cualquier otro día del calendario, es un día más para los que desconocen qué hay detrás de esa fecha.

Para los y las profesionales en Trabajo Social, esa fecha significa reivindicación de una profesión que ha sido utilizada por el capitalismo para controlar a las masas, para apaciguar el hambre de muchos, para borrar ilusiones colectivas. Pero, el Trabajo Social no son actos solidarios dispersos y mudos, es una conjunción de sueños por cumplir; es comprender, desde las aulas de la ULS, las complejas y densas dinámicas de cada persona, grupo y comunidad; es desarrollar un compromiso ético en cada estudiante para que, de la mano de los sectores más vulnerables, comprenda que no es sólo tener un título, sino apropiarse de ese título para transformar vidas y pintar sonrisas; es, como compromiso académico, creer en la justicia social y buscar siempre la defensa de los derechos humanos que lleve al empoderamiento de esos grupos que son excluidos por una sociedad basada en la desigualdad. 

En los últimos años, la dinámica social que se ha vuelto más compleja nos obliga a ir desarrollando nuestra capacidad de percibir, escuchar, empatizar, observar, socializar y hablar con las personas para construir con ellas un sentido de vida alternativo y transformador de su cotidianidad, y para ello se hace ineludible la toma de posición de la profesión para honrar el papel transformador que el país nos delega de oficio.

Debemos, ahora más que nunca, ser agentes de cambio, pues ese ha sido, históricamente, el papel que hemos desempeñado, en función del cual debemos promover la innovación social desde la perspectiva humanizadora, fortaleciendo la cultura política democrática, la identidad sociocultural y la dignidad impulsando el bienestar social de las mayorías para que los ojos de lucha y amor de nuestra gente vuelvan a brillar.

Quienes nos desarrollamos en el Trabajo Social, sobre todo en la ULS, sabemos con certeza que nuestro deber es revelar y acariciar la versión transformadora de las personas, de las comunidades, de la historia cotidiana, del país mismo; es tejer esa esperanza de un futuro mejor, y la mejor tejedora que tenemos es, sin duda, la Universidad Luterana Salvadoreña, porque sus hilos multicolores y fascinantes son sus estudiantes, quienes hacen de la profesión un compromiso social vitalicio e irrompible.

LPT Redacción

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